
En realidad, la acción que conduce a la captura de Fra Diavolo se parece más a una emboscada: los carabinieri se hallaban apostados en varios puntos de la calle, disparando desde todas las partes y atrapando a los bandidos en un fuego cruzado. Entre los muertos apareció el padre de Fra Diavolo,que había negociado con el inspector Messana el papel de informador policial de su hijo, recordémoslo, y al que confiscaron un permiso de armas emitido por la Cuestura de Trapani poco tiempo antes, lo que confirmaba su papel de agente doble (cuando no triple). Por su parte, Fra Diavolo, apenas es arrestado, descubre su condición de agente secreto. Al mismo tiempo, declara su intención de querer hablar inmediatamente con el inspector Messana ya que posee una información que podría llevar a la captura de Giuliano. Es trasladado al cuartel y allí, según la versión del capitán Gianllombardo, sucede lo que tanto nos inquietó en el anterior capítulo de esta serie.
La extraña mala suerte que persigue a la banda de Giuliano no se cierne únicamente sobre Fra Diavolo y su grupo. El coronel Lucca, el capitán Perenze, el teniente coronel Paolantonio y, sobre todo, el mariscal Lo Bianco, llevarán a cabo toda una serie de inesperadas detenciones. Contemporáneamente a estos hechos, el mariscal Lo Bianco había iniciado una sutil aproximación a un mafioso muy cercano a la banda de Giuliano: Benedetto Minasola. De repente, la mafia parece que no tenga ya ningún interés en proteger a Giuliano, es más, parece que lo abandona a su suerte. Pero, ¿por qué? ¿Por qué ya no les es útil? ¿Por qué se está convirtiendo en un peligro para la propia organización? En cualquier caso, el acuerdo con Minasola funciona. El mafioso contacta con diversos miembros de la banda y les dice que Giuliano quiere hablarles, después los entrega al mariscal. Pero el verdadero objetivo es Giuliano que, receloso a causa de la extraña desaparición de tantos componentes de su banda, convoca a Minasola. Y lo convoca a través de uno de sus mejores hombres y primer lugarteniente: Gaspare Pisciotta “Aspanu”. Pisciotta lleva a Minasola ante Giuliano el cual, después de interrogarlo, descubre su traición. El bandido deja a Minasola en las manos de Aspanu que deberá matarlo. Cuando se quedan solos, el jefe mafioso advierte al que va a ser su verdugo de que todo está a punto de acabar y le ofrece una vía de escape: encontrarse con el mariscal Lo Bianco. Pisciotta acepta. Los carabinieri le dan un salvoconducto que lleva la firma del ministro del interior (falsa, naturalmente) y el capitán Perenze lo toma bajo su protección, lo lleva a casa e incluso al médico (Pisciotta era tuberculoso). Pero los carabinieri quieren a Giuliano. Un poco más tarde, de manera repentina, el coronel Lucca anuncia a sus colaboradores que a Salvatore Giuliano le quedan treinta y seis horas.
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