Feliz es sólo el hombre bien templado, Que del hoy se hace dueño indiscutido, Que al mañana increparle puede osado: «Extrema tu rigor, que hoy he vivido»
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jueves, mayo 03, 2007
EPÓNIMOS II
Aproximadamente cuando Einstein trataba de paliar su teoría de la relatividad con una constante cosmológica para evitar el absurdo de un universo en expansión, en el que un hombre podría sentarse en el límite y balancear sus pies, Vesto Slipher se encontraba atónito al efectuar lecturas espectográficas de estrellas lejanas en el observatorio Lowell de Arizona. Lo que parecían decirle sus datos es que las estrellas se alejaban de nosotros a una velocidad sorprendente. Entonces pensó en la posibilidad de un efecto Doppler en la visión de las galaxias, como si la luz pudiera cambiar de aspecto si se alejaba o si se acercaba. Johann Christian Doppler fue un físico austríaco que reparó en 1842 en el efecto que se producía al escuchar parado un sonido en movimiento. Las ondas sonoras del objeto en movimiento se amontonan contra el receptor estacionario como lo que pasa cuando se juega a fababa y Jaime Antonio es el último en saltar. Este apretujamiento lo percibe el oyente como una especie de sonido comprimido y elevado (el YI-). Cuando la fuente sonora pasa, las ondas sonoras se esparcen y se alargan, provocando la caída brusca del tono (el -ROOOPAAA). (B. Bryson, Una breve historia de casi todo).
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