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sábado, julio 07, 2007

Aprenda a escribir como los maestros del Jazz

Tanto en la música como en la novela, lo más básico es el ritmo. Tu estilo necesita ser bueno, natural, constante, o no continuarán leyendo tu obra. Aprendí de la música- y principalmente del jazz- la importancia del ritmo. Luego viene la melodía - que en literatura, significa la disposición apropiada de las palabras para seguir el ritmo. Si el modo en que las palabras se adaptan al ritmo es suave y bello, no puedes pedir nada más. Lo siguiente es la harmonía- los sonidos mentales que sustentan las palabras. Entonces viene la parte que más me gusta: la libre improvisación. A través de algún canal especial, la historia empieza a fluir libremente desde dentro. Todo lo que tengo que hacer es dejarla fluir. Finalmente llega lo que debe ser lo más importante: Esa euforia que experimentas al completar una obra, al acabar tu "creación" y sentir que has triunfado en alcanzar un lugar que es nuevo y lleno de sentido.

Prácticamente todo lo que se sobre escribir, lo he aprnedido de la música. Puede sonar paradójico decir esto, pero si no hubiera estado tan obsesionado con la música no hubiera llegado a ser novelista.

Incluso ahora, casi 30 años después, continuó aprendiendo como escribir de la buena música. Mi estilo está profundamente influenciado por los repetitivas y libres melodías de Charlie Parker, tanto como por el elegante fluir de la prosa de F.Scott Fitzgerald. Y todavía tomó la calidad de la continua auto renovación en la música de Miles Davis como un modelo literario.

Uno de mis pianistas de jazz preferidos de todos los tiempos es Thelenious Monk. Una vez, cuando alguien le pregunto como se las ingeniaba para extraer del piano un inconfundible sonido especial, Monk señaló el teclado y dijo: "No hay ninguna nota nueva. cuando tu miras el teclado, todas las notas ya están ahí. Pero si significas (mean) una nota lo bastante, sonará diferente. Tienes que elegir las notas que realmente tratas de decir ¡."

Recuerdo a menudo estas palabras cuando escribo, y pienso para mí mismo: "es verdad. No hay palabras nuevas. Nuestro trabajo es darles nuevos significados y especiales connotaciones a palabras totalmente ordinarias". Encuentro este pensamiento reconfortante. Significa la vasta, desconocida superficie que hay delante nuestro, territorios fértiles que simplemente esperan que los cultivemos.


Jazz Messenger by HARUKI MURAKAMI. NewYork Times July 8, 2007.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Sabemos que sólo hay tres temas básicos: el amor, la vida y la muerte. No hay más, no hay más temas, así es que para captar su desarrollo normal, hay que saber como tratarlos , qué forma darles: no repetir lo que han dicho otros. Entonces el tratamiento que se le da a un cuento nos lleva, aunque el tema se haya tratado infinitas veces, a decir las cosas de otro modo; estamos contándo lo mismo que han contado desde Virgílio hasta no sé quienes más, los chinos o quien sea

Anónimo dijo...

Una de las cosas más difíciles de hacer se escribir el primer párrafo. He pasado muchos meses trabajando en un primer párrafo, pero una vez que lo tengo, el resto sale con facilidad. En el primer párrafo se resuelven la mayor parte de los problemas del libro. Se define el tema , el estilo , el tono. En mi caso, el primer párrafo es un tipo de muestra de lo que va a ser el resto del libro. Por eso, escribir un libro de relatos cortoses mucho más difícil que escribir una novela. Cada vez que se escribe un relato breve hay que empezar otra vez desde el principio.

Anónimo dijo...

Antes que el método "ovíparo"o de incubación que me llevó a escribir mi primera novela, prefiero el "vivíparo" o "a lo que salga", espontáneo y descuidado en apariencia.

Anónimo dijo...

Es desagradable comenzar un libro. Tengo muy claro el personaje y su situación, y un personaje en una situación es lo que tengo para empezar.Pero peor que no conocer el tema es no saber cómo tratarlo, porqu elo es todo al final. Mecanografio principios y son horribles, son más una parodia inconsciente de mi libro anterior que el punto y aparte que quiero que sea. Necesito algo que conduzca al centro del libro, un imán que lo atraiga hacia él... eso es lo que busco los primeros meses cuando escribo algo nuevo. En ocasiones tengo que escribir cien páginas o más antes de que haya un párrafo "vivo".

Anónimo dijo...

Personajes confundidos hasta el punto de perder a veces la memoria de su propia identidad; paisajes infrecuentes, o los paisajes cotidianos cuando dejan entrever asomos de un trasfondo amenazador; peripecias en las que pueda suscitarse mi sorpresa. Tales elementos son los que prefiero a la hora de escribir e intento manipularlos de modo que consigan simular una sustancia menos efímera que el tiempo que se me escurre.

Anónimo dijo...

Para el escritor hay estímulos que brotan del subconsciente y uno mismo ignora lo que hace. Para que haya una leyenda es necesario que haya mucho olvido previo, que esa leyenda brote como por generaciónn espontánea. También para que haya una novela hay que olvidar, hacer retroceder la presión de estímulos exteriores, lecturas relaciones con el mundo.(...)Antes de escribir es preciso leer a fondo la realidad en la que uno se halla inserto, incluso la realidad aún invisible, cuyo texto ausente puede uno presentir por algunos sonidos, por algunas imágenes, por algunas palabras.

Peter von Weiss dijo...

Me caen como el culo todos los escritores que hablan cómo escriben, porque todo lo alto viene del cielo y porque no son humildes y se arrogan su exclusividad respecto a los mortales. Imagina que tu fontanero te contara lo que siente cuando arregla un termo. A mi me da pol culo. Si no tienes el don, de nada sirve imitar su disposición. Si no escribes, no lo intentes. Lo único que hay que tener para escribir es cojones.

Anónimo dijo...

A veces tengo la impresión de que escribo por simple curiosidad intensa. Es que, al escribir, me doy las sorpresas más inesperadas. Es el momento de escribir cuando muchas veces soy consciente de cosas, de las cuales, siendo inconsciente, antes yo no sabía que sabía.

Anónimo dijo...

Mis criaturas nacen de un largo rechazo.

Anónimo dijo...

La primera parte de "La invención de la soledad" la escribí naturalmente en primera persona. En ningún momento cuestioné esa perspectiva: nació de mí y continué con ella. Cuando empecé la segunda parte, también pensé escribirla en primera persona. Trabajé así durante seis u ocho meses, pero había algo que me perturbaba, algo que no estaba bien. Finalmente, después de buscar a tientas en la oscuridad durante mucho tiempo, comprendí que sólo podía escribir ese libro en tercera persona. La frase de Rimbaud “Je est autre” (Yo es otro) abrió una puerta para mí, y a partir de ese momento, escribí en una especie de frenesí, como si mi cerebro estuviera en llamas. Todo se reducía a crear una distancia entre mí mismo y mí mismo. Si uno esta demasiado cerca de aquello sobre lo cual intenta escribir, se pierde la perspectiva y uno empieza a sofocarse. Tenía que objetivarme a mí mismo para poder explorar mi propia subjetividad, lo que nos conduce otra vez al tema que mencionábamos antes: la multiplicidad de lo singular. En cuanto el hecho de decir: “Yo” se vuelve consciente, en realidad estoy diciendo “él”. Es el espejo de la propia consciencia, una forma de verse pensar.