El tordo merula
recorre 3500 kilómetros
desde la basta
y ahora gélida Siberia,
hasta nosotros,
en busca de
páramos cálidos.
Tu hermano recibe
una subvención bien bien
de la Unión Europea
para criar conejos
y un tratamiento psiquiátrico
sufragado bien bien
por el Estado
(700 euros mensuales)
para mantenerle
en sus casillas.
Tu padre está contento
porque casi le regalan
las tierras de olivos
que nadie quiere.
En la cosecha solo tiene
que ir al banco y dar dos
euros por hora de trabajo
a esos pobres rumanos
(siempre borrachos!!!).
También porque a su hijo
Su chalet le ha salido
tirado gracias al convenio
de acciones integradas
de las zonas rurales deprimidas,
aunque a su edad, casi un niño,
tenga que vivir en casa.
El chaval es soltero
y tiene dinero
(hasta se ha comprado
un caballo, para salir
los domingos si no llega
demasiado tajado).
Ahora está mirando
adquirir en Toledo dos
sabuesos caros, muy caros,
para sus excursiones de otoño.
Porque tu puto hermano epiléptico
trae a casa dos docenas de tordos
cualquier día de esos
que se levanta raro,
con cartuchos reglamentarios
bajo oliveras oficialmente,
reglamentariamente enumeradas de
los fondos de cohesión
que pronto volarán
-como los tordos-
al Este de nuestra hospitalidad.
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