En esto se muestra evidentemente nuestra estupidez: en pensar que sólo son objeto de compra las cosas por las que pagamos dinero, llamando gratuitas a aquellas por las que sacrificamos nuestras personas. La mercancía que no querríamos comprar si a cambio de ella tuviéramos que entregar nuestra casa o una finca apacible o productiva, estamos muy dispuestos a conseguirla a costa de inquietud, de peligros, de pérdida de honor, de la libertad y del tiempo; hasta tal punto nada hay más vil para cada cual que uno mismo.
Actuemos, pues, en todos nuestros proyectos y negocios igual que solemos hacerlo siempre que acudimos a un mercader: consideremos a qué precio se ofrece el objeto que deseamos. Con frecuencia tiene el máximo coste aquel por el que no se paga ninguno. Podría mostrarte muchos obsequios cuya adquisición y aceptación nos ha arrebatado la libertad. Seríamos dueños de nosotros mismos si ellos no fueran nuestros.
[...] Así, pues, resuelve en tu interior, en tus ideas, no sólo cuando se trate de ganancias, sino también de pérdidas: Esto está llamado a desaparecer. Examina las ventajas que te conducirán a la locura, que no abandonarás sin copiosas lágrimas.
(Séneca, Cartas a Lucilio)
No hay comentarios:
Publicar un comentario