16-oct-1994: Dice Wittgenstein: "Lo más difícil es no engañarse" y "hay más estilo en el primer lenguaje del niño que en los más grandes artes". Lo que Collingwood llama capacidad mágica de la obra de arte: el poder catártico. ¿Aclara eso las dos afirmaciones como si tuvieran una sentido estrecho? ¿No es esto cercano al juego del niño también? ¿Por qué esa insistencia contemporánea en separar arte, magia y divertimento? ¿Por qué es tan atractivo el modo de proceder de un niño aunque no hable? No me refiero a la satisfacción del instinto paternal o al enternecimiento del afán de dominación, el predomino que ahora quiere hacerse más útil que nunca pues depende de su soberana voluntad sin recibir nada a cambio... Es un algo divino que aún no se ha roto en los niños y que nosotros reconocemos como una suprema comunicación a la que tuvimos acceso pero que perdimos para siempre.
19-oct-1994: vivir sin intentar reproducir nada. Con la atención puesta en la falsedad. Hay una legalidad que devuelve con creces la negación del deseo. No seguir el primer impulso. Saber que en la mayoría de ocasiones no tendré si quiera las herramientas necesarias para mi labor sino las que me lo impiden o las que me lo hacen más complejo. Hasta bajo esta perspectiva el cansancio es, como decir, un gozo.
22-oct-1994: Parece como si esperara en rostros extraños confirmación de algo que aunque fuera de un trabajo pequeño o un favor inconsistente reconociera la totalidad de mi posición como ser humano. Ese es el sentimiento más generoso que la religión da, el más reconfortante, el que uno no es, en suma, como una palabra mal pronunciada en un idioma gramaticalmente tosco, sino como un "te comprendo" más allá de todo lenguaje.
23-oct-1994: Esperar, ¿qué? En vez de desfigurar lo que ves, cambia ese modo de mirar de modo que las cosas de sorprendan.
25-oct-1994: Si le digo a una mujer: "Eres música encarnada / sangre blanca", le estoy mintiendo. Aunque mentir no siempre sea lo más fácil.
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