Seguidores

domingo, diciembre 02, 2007

El cuaderno azul (18)

El tiempo en que tenías palabras

Y te arrimabas a las nubes

Sin bajarte de las cimas

Y dormías con los árboles

imitando

Estirar sus pulmones

Hacia el cielo.

Entonces, lo más tenaz,

Era el ver pasar, cogiendo el ritmo,

Cierta locura inexperta

Y la embriagadora sonrisa.

Ahora miro al suelo

Sin estar del todo cansado,

Y no poseo voz, ni un vuelo azul

Entre las sombras.

Los trozos de un fantasma.

El frío que produce la moralidad.

Prometerle a alguien que compartirás tu vida con ella, y no ya perder esa ilusión, que en pocos años esa persona te proporcione amargura y repugnancia.

La luna está inclinada de medio lado, huele a tierra húmeda, a romero y a tomillo, un vapor invisible habita los pulmones. Oigo respirar a los árboles. Es de noche y ya no hay soledad. Todo son espíritus que tiemblan en espera. A los hombres se nos es dado ahora el desnudarnos.


Matar es una forma

De nuestro duelo vagabundo.

[RILKE, SONETOS A ORFEO II, XI]

Al que encontraron muerto

Preparando una clase

Sobre Ovidio,

Con una poema

Escrito al margen

Sobre un ángel y un árbol

Cuyo final

Se desdibuja

Con la sangre

Que sale

De su boca.

La causa de la alegría es cierta ignorancia docta y cierta gestión del olvido. La ligera pendiente en que dejas a la gravedad hacer su trabajo.

En una ocasión me encontré a un filósofo que tendría unos años más que yo cuya carrera se limitaba al estudio minucioso de la crítica del juicio. Y es verdad que no tenía mucha más formación, sin embargo podía hablar de las cuestiones temáticas –sobre mi tesis- por ejemplo son un rigor extraordinario que en absoluto era kantiano. Ese es el tipo de formación que yo no recibí y que me hubiera gustado tener.

No hay comentarios: