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lunes, febrero 25, 2008

El cuaderno espiral (y 18)


El espíritu aborrece la arrogancia.

Todas mis ideas son perturbaciones maníacas.

Brahms es droga dura: el delirio y al instante la esencia lírica en tres notas.

Cuantas veces llamamos magnanimidad a la arrogancia. Cuantas veces nuestra magnanimidad se agrieta ante la noche oscura, ante la repetición molesta, ante el insoportable olor de nuestra mente cerrada.

El que quiere todo de una no sabe que muy difícilmente podemos aguantar el solapamiento de dos instantes.

No puedo hacer nada solo.

Qué se espera de mí? Quién espera qué de mí?

Un oficio difícil: escribir. La mayoría de hombres mienten por exigencias del guión.

No decir más de lo que sé, como si lo supiera.

El talante filosófico se cura con el sol y con sentido común.

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