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lunes, septiembre 08, 2008

Nam bonum esse esentiam, iustum vero esse actum, respicit (Boethius, De Hebdomanibus 165-174)

Podría compararse a un principio de la relatividad: "Para nosotros no es lo mismo el ser como se da en los buenos que como se da en los justos. Pues todas las cosas son buenas pero no justas. El bien tienen una amplitud general. Lo justo de la especie no baja a todos los individuos". Como al entrometido que cree en su concidencia y, más aún, en su posesión, Platón nos recuerda que no se diferencian en nada los ciegos que van por buen camino a todos los que abrazan una recta opinión sin conocimiento de ella. Es entonces cuando el cerebro debe renunciar a sí mismo. Y el propio Platón recuerda (Politeias 429 A- 432 A) dos de las disposiciones que deben seguirse para el reconocimiento del bien y la huida de lo dañoso: el valor (que es una especie de conservación, una inclinación adquirida por la educación acerca de cuáles y cómo son las cosas que resultan temibles) y la templanza (que es como un cierto orden y continencia de los placeres y deseos, en virtud de la cual son satisfechos con un cierto dominio de sí mismos). Y del mismo modo que el la vida es más radical que la inteligencia, la belleza del bien puede permanecer oculta a esta misma sin que su búsqueda deba ser frustrada. La belleza del bien es "causa de la verdad, y no sólo proporciona comprensibilidad a los objetos, sino el ser y la esencia. Pero tampoco el bien es la esencia sino algo que está por encima de ellos en cuanto preminencia y poder" (Politeias, 508 C- 510 A).

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