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lunes, diciembre 15, 2008

Administrar la pereza




De la pereza, se nos ha enseñado, procede el desasosiego y puede ser compatible con una actividad incansable por trabajar. El pereza denota en tal caso que el hombre renuncia al rango que se le fija en virtud de su propia dignidad. Que no quiere ser lo que el orden quiere que sea o en última instancia es. Josef Pieper (Ocio y culto) dice que el concepto opuesto al de acedia (pereza pero de verdad), es la aceptación libre que el hombre hace de su propio ser, del conjunto del mundo, como si intuyera el amor que une todas las cosas. Por eso la esencia de la acedia es la no coincidencia del hombre consigo mismo y la percepción del mundo como algo que incomoda en un sentido más radical. Shopenhauer pensaba que la única evasión digna eran las bellas artes, aquello que nos permite olvidar nuestra conciencia mundana. Sin embargo, existe otra posibilidad: entenderlas como la celebración de un culto: como el trabajo festivo de los dioses. Y el culto surge cuando se muestra lo que proviene de lo alto. El correlato subjetivo es ese tipo de pereza ociosa en donde todo tedio ha desaparecido, donde se le otorga al hombre el don de descansar en sí mismo y adornarse con una vestimenta sacramental, ut dum visibiliter Deum cognoscimus, pero bono in invisibilium amorm rapiamus, que por lo visible de ese sacramento primario se es arrebatado al amor de la realidad invisible.

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