"Durante aquelllos largos años todos formábamos una unidad, así que en otro planeta nos hubiéramos reconocido unos a otros, y las cosas se hablaban entre sí, el reloj de cuco y mis libros con las flacas vacas en el prado y los doloridos ancianos Kikuyu: también vosotros estábais aquí. Vosotros también eráis parte de la granja de Ngony" (Cuentos, No te dejaré marchar si no me das tu bendición).
"De esta manera comenzó una extraña época de mi existencia en la granja. La verdad, que subyacía a todo, era que ya no me pertenecía, pero tal y como me iban las cosas, esa verdad podría ser ignorada por la gente que no lo sabía, y no cambiaba el curso diario de las cosas. Fue, de hora en hora, una lección del arte de vivir el momento o, por así decirlo, la eternidad, porque lo que estaba pasando no importaba nada" (Cuentos, Tiempos difíciles).
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