Feliz es sólo el hombre bien templado, Que del hoy se hace dueño indiscutido, Que al mañana increparle puede osado: «Extrema tu rigor, que hoy he vivido»
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lunes, marzo 23, 2009
El yo dividido (13)
No es extraño que los desgraciados que caen por la grieta no reflejen un pánico ingobernable. Verán por fin una salida o una nueva noción sobre sí mismos que los empujones impedían. En esa larga cola no puede describirse ningún mapa esperanzador, un momento de descanso. Sólo puedo hacerme una idea de la superficie abrupta si logro convencerme por un momento de que no estoy allí. Y ese intento siempre termina con una sacudida en mi columna vertebral y la anulación de la conciencia: un sueño profundo del que salgo en unos minutos, unas horas o unos días. Sé lo que he visto pero me es imposible recordarlo de manera racional, quiero decir como se suele narrar un sueño por absurdo que sea, con el principio y con lo último que se recuerda. Me marco un punto, una imagen, y me alejo de ella. Poco a poco surge una verborrea incontinente de hechos nimios o grandes, de lo que sucederá, de lo que ha de venir. Tras tres o cuatro horas en las que se graban mis palabras me entran unas ganas insaciables de estar con los niños. Me da lo mismo observarles en el patio o que me dejen explicarles una lección de trigonometría. También me gusta moldear barro o pintar al óleo tratando de no mezclar colores. Los resultados son bastante malos pero paso un tiempo precioso en el que está prohibido molestarme. Me siento en una habitación. Apago la luz. Me basta una ventana con un poco de luz. Observo y después dejo a mi mano que interprete sobre el lienzo sin hace caso a la cabeza para ver y seguir viendo.
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