Gracias sean dadas al eterno rostro
por adivinar con la exacta lentitud
de los siglos
la plata del mar
esta tarde;
gracias por el honor
y el poder y la fuerza
que me has dado
para dar a mi vida
la forma del tiempo
que no volverá
y de dejarme someter
a discusión el que viene.
Gracias sean dadas
al innombrable eterno
por darme tantos rastros
como huellas de delfines,
por no poder caer tras
su espuma,
pues esta luna
se arrugará tras las nubes
y el cielo nacerá
mañana conmigo
o sin mi.
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