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domingo, junio 13, 2010

Cambio de cinco

Quería cambio para tabaco. Pero mientras esperaba impaciente se le ocurrió que era imposible que alguna vez estuviera de acuerdo consigo mismo, que los demás fingían ser sí mismos. "¿Es que nadie se ha dado cuenta? ¿Qué hay en el mundo?", se preguntó. En el mundo hay seres inteligentes que generan su propio bienestar. Hay también inteligentes que lidian con la locura y buscan el modo de que todo no se vaya al carajo. Hay estúpidos que se creen inteligentes porque escriben. Y estúpidos, bendita ignorancia, que leen con afán el calendario del mundial de fútbol. "Hoy, Holanda contra Guínea Papúa", se dicen: "¿lo televisarán?". Cambió el punto de apoyo, de un pie a otro, el billete de cinco dólares en la mano, sobre el codo de la barra del bar. Y se volvió a ensemismar: La diferencia puede ser simplemente de matiz. De entre los inteligentes-estúpidos encontramos a los que necesitan explicarse las cosas para estar tranquilos. Entre estos los hay que, siendo conscientes de sus aptitudes, se hacen ricos porque pueden utilizar sus explicaciones para tranquilizar a los demás cuando van a arriesgar mucho o cuando lo van a perder todo. Pero hay otros tipos de inteligentes tontos. Por ejemplo, los que sufren y no saben qué hacer con su sufrimiento. Son inteligentes porque ninguna explicación les vale. Son tontos porque no se dan cuenta que es peor sufrir que dejar de hacerlo. Pero entre éstos todavía hay otra distinción: los que caminan rectos como si nada pasara y los que no pueden levantar la cabeza. Ambos ven el mundo bajo un prisma semejante. Pero el que camina con la mirada hacia el suelo sabe que no se pierde nada, o sabe que lo que se pierde no va a sorprenderle. Por eso a estos podríamos llamarlo inteligentes tontos e ingenuos porque todavía confían en sus sentimientos y ven poco previsible que puedan sorprenderles. "¿A quién se le ocurrió que hay un camino", se preguntan. "¿Quién quiere seguir un camino trazado?". Hizo un gesto con el billete para que alguien desde la actividad del otra lado de la barra le viera. "Cuando se da la misma importancia a la perplejidad que a la evidencia, un nuevo ser aparece. Una andadura nueva, no agradable, pero preferible". Volvió a sacudir el billete. "Si notas que en tu vida tienes mucha prisa, algo va mal", pensó cuando un camarero se dispuso a cambiar su billete para la máquina.

2 comentarios:

Teresa dijo...

Dime como te quieres y te diré quien eres.

Peter von Weiss dijo...

Contraposición inadecuada y, en todo caso, fácil de formular pero difícil de establecer parangones. Si eso fuera cierto nuestra personalidad sería tautológica y Hegel no habría escrito la fenomenología del espíritu. Lectura recomendada: Shopenhauer como educador de Nietzsche, cuarta intempestiva. Pero como frase está bien ponerla en un azucarillo.