Hablar de la primera vez no es algo que agrade a muchos hombres. No ya por pudor sino porque esa primera vez, en la inmensa mayoría de los casos, no fue algo memorable, ni siquiera, muchas, muchas veces, digna de recuerdo. Pero yo voy a hacerlo. Desde la distancia y habiendo adquirido (disculpad la inmodestia) cierta maestría a través de la experiencia, me resulta incluso gracioso (no entonces, por supuesto) recordar aquella mañana. Sí, mi primera vez fue por la mañana, poco después del amanecer. Me juego algo a que vuestra primera vez fue a partir del mediodía. Pues bien, a lo que íbamos. Estaba nervioso, cómo no, y sobre todo confuso. Muchos me habían dicho qué debía hacer en esos instantes: "Hazlo así, hazlo asa... sin brusquedades... concéntrate...bla, bla, bla...." Pero nadie me dijo qué había hecho exactamente él... Finalmente, creo que el mejor consejo que me dieron, fue el de "en esos momentos un hombre de verdad sabe qué deber hacer y qué no". Y por supuesto, tampoco me dijo qué hizo y qué no hizo él...
La primera vez que apareció, justo a mis 12, un Messersmichtt Bf 109 y una ráfaga de su MG 17 atravesó mi ala derecha, me oriné en los pantalones.
Johnny Stompanato, 12 cosas que jamás te contaría si me mirases a la cara. (1ª cosa)
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