por una triste demencia,
disculpar cada disculpa,
expiar lo inacabado,
dilatar lo inevitable.
Hasta un día,
como cualquier otro,
alguien, algún ángel,
alguien proveniente del cielo,
te hizo amante,
absolvió tu duelo,
para que vieras hasta dónde
llegaba la torpeza
con que amabas,
el signo ilegible
que significaba tu vida.
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