Como diría mi poeta, Gabriel Celaya:
"Cuando salgo a la calle silbando alegremente
—el pitillo en los labios, el alma disponible—
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican la alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que se siente?"
O como diría yo, al salir del despacho, en una tarde de marzo:
Es primavera,
la brisa,
las muchachas,
y yo...estoy vivo
otra vez.
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