Gracias
al Rostro innombrable
porque
pude verle en aquel semáforo
cuando
me di la vuelta por los mocos
de
mi hija,
muchos
dirán que fue cansancio, sublimación, placer oblicuo etc...
yo
se a Quién me refiero.
Gracias
por la segunda de Fargo y
The
detrectorists, por unos poemas
de
Celaya durante una espera
cuando
apunto estaba
de
olvidarlos,
por
la vergüenza que genera
esas
noticias enlatadas,
porque
no puedo dejar de fingir
que
me gusta mi trabajo
hasta
creérmelo,
porque
mi más cercana
habla
desde un mercado
que
desconozco,
por
aquella cara del intelectual
cuando
propuse un sed tantum,
porque
la sospecha jamás me abandona
y
solo puedo calmarla a kilómetros de distancia,
por
el último de Don Winslow
y
de Houllebecq,
por
esas formas que tienes
de
atraerme hacia tí
en
las que siempre hay
una
carambola, una jugada a tres.
Por
mi hija, a quien adoro,
sin
mérito, con el apego desmesurado
de
los infames,
porque
si bien no he hecho nada nuevo
el
tiempo ya no me lacera
ni
me urge,
porque
de mí ha salido algo
que
es bueno.
Por
fin, puedo decirlo,
es
bueno.
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