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lunes, diciembre 18, 2006

El mito Giuliano (IX)



La noche antes de la celebración, Giuliano y su banda se habían apostado en el monte situado frente a la llanura donde iba a concentrarse la multitud. Iban armados con mosquetes modelo 91, fusiles automáticos americanos y un fusil ametrallador Breda. A ellos se unen los hermanos Pianello, armados con metralletas Beretta del calibre 9mm , y Salvatore Ferreri (apodado Fra Diavolo y del que debemos acordarnos). Todas las armas usadas son armas de guerra capaces de alcanzar fácilmente a la multitud reunida en Portella.

Por la mañana, un testimonio observa aterrorizado la ejecución de la masacre. Es detectado por los componentes de la banda que inmediatamente lo asesinan y arrojan a un pozo. Pero, ¿qué vio? ¿qué sucedió realmente en Portella della Ginestra? También en esta parte de la historia, queridos amigos, los puntos oscuros y las mentiras abundan. Para empezar, se producen toda una serie de movimientos extraños poco antes de los hechos. Tres días antes, en la casa del mafioso Giuseppe Troia, hubo una reunión en la que los participantes declararon haber hablado de los estagli , acuerdos entre los mezzadri (agricultores que cultivan una propiedad dando una parte de las ganancias obtenidas al propietario) y los padroni. Pero los estagli no se negocian en esa época del año. Entonces, ¿de qué se habló? De la planificación de la masacre hipotiza la policía.
Por otra parte, poco antes de los terribles acontecimientos, los mafiosos de Piana degli Albanesi (municipio donde se sitúa el paraje de Portella della Ginestra) recaudaron una gran cantidad de dinero. Aunque posteriormente declararon ante los jueces que aquel dinero era para celebrar la festividad de San Jorge, lo cierto es que nunca antes personajes de tanto relieve se habían movilizado de tal forma para recoger dinero destinado a unas fiestas patronales ( los jueces no tomaron en consideración las sospechas de que con aquel dinero se habían comprado armas).
Pero todavía hay un episodio más extraño. A dos jornadas del abominable suceso, Giuliano y su banda permanecen acampados en la masseria propiedad de los hermanos Genovese donde les visita Pasquale Sciortino, cuñado de Giuliano, el cual entrega al forajido una carta de su madre. Giuliano se aleja con la misiva, la lee atentamente y después la quema. Llama a los otros y les anuncia: ha llegado la hora de nuestra liberación. ¿Qué contenía la carta? ¿La promesa de una amnistía si cometían el crimen o, como declaró la madre, los saludos de unos amigos que vivían en América?

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