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jueves, mayo 24, 2007

El mito Giuliano (XV)




Después de la muerte de Giuliano, Pisciotta queda bajo la protección de los Carabinieri, se desplaza a Roma donde negocia con algunos políticos su inmunidad y, seguidamente, regresa a Montelepre donde se encuentra su familia y su novia. Oficialmente sigue siendo un huido de la justicia, aunque los Carabinieri no lo persiguen. Pero la policía sí. Es el cuestor de Palermo quien lo arresta personalmente.

El proceso por la tragedia de Portella della Ginestra se celebra en Viterbo en 1952. Durante el mismo, Pisciotta habla y dice cosas inquietantes tales como somos un solo cuerpo: bandidos, mafia y policía. Después indica como mandantes de la masacre a algunos diputados monárquicos y a otros como encubridores (el proceso que se iniciará contra éstos se archivará durante su instrucción por el tribunal de Palermo). El juicio a la banda de Giuliano concluirá el tres de mayo con doce condenas a cadena perpetua, la mayoría confirmadas en la sentencia de apelación. Esta sentencia dice algunas cosas interesantes: se puede afirmar que entre la mafia y Giuliano hubo una relación constante determinada por una confluencia de intereses… y por lo que respecta a la masacre de Portella está claro que la razón fundamental fue el interés en detener la penetración del comunismo en el mundo rural para conservar las viejas estructuras agrarias… y no se puede afirmar que hubiera un móvil político desde el momento en el que no todas las personas reunidas allí lo estaban por razones políticas, por lo que el acto debe ser considerado una fiesta campestre y, por esto, disparar contra los asistentes no fue un acto político, por lo que no se debe buscar a ningún mandante. Caso cerrado.

También Pisciotta es condenado a cadena perpetua. Se siente traicionado: este no era el pacto que había alcanzado con sus protectores. Furioso, dice que lo va a contar todo durante el proceso de apelación. Mientras, empieza a escribir: catorce cuadernos de apuntes. A principios del mes de febrero, Pisciotta recibe al juez sustituto Pietro Scaglione, el cual le escucha durante largas horas. Pero es una entrevista informal y el juez le promete que regresará al cabo de pocos días para tomarle declaración formalmente. No llegará a tiempo.

El día nueve de febrero de 1954, a las seis y media, Gaspare Pisciotta se despierta y charla con su padre (con el que comparte celda) y con un guardián. Después se toma el medicamento contra la tuberculosis que el médico le ha prescrito el día antes. También bebe, como cada día, una taza de café. Instantes después se siente mal y es trasladado a la enfermería donde muere. Estricnina en el café, dirá la versión oficial intentando inculpar a su padre. Nadie se fija en el frasco del medicamento que acaba en las manos del mafioso Marotta (sí amigos, el Marotta que se encontraba en la casa del abogado De Maria la noche de la muerte de Giuliano) detenido en la misma cárcel. De los cuadernos, por supuesto, nada más se supo.

Así acaba la historia de Giuliano, una historia extraña.

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