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viernes, junio 29, 2007

The Boxer


Querido Tony,

Hace algún tiempo declaraste que tu canción preferida, la que más te gustaba escuchar tras una dura jornada de trabajo, era The Boxer, de Simon and Garfunkel. Tu sensibilidad musical me emocionó hasta el desvanecimiento. Lástima que no mostrases la misma sensibilidad hacia tus congéneres, sobre todo hacia los iraquíes, que por aquella época ya morían como moscas en el infierno que tú contribuiste a crear. Te imagino en el 10 de Downing Street, delante de la chimenea, descalzo y con los pies en el regazo de Cherie, recordando con añoranza los viejos tiempos en los que no sólo te los masajeaba sino que te los chupaba con fruición, sobre todo el dedo gordo del pie derecho: mmmmmmm, Irak en llamas y de fondo vuestra canción. Qué bonito. Pero ahora eres católico y ciertas cosas no se las puedes pedir. Adiós Tony.

P. D. Ah, y felicidades a los genios a los que se les ha ocurrido enviarte a Oriente Medio como embajador. Seguro que con tu currículum te van a recibir con los brazos abiertos.


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