Un rapazuelo generoso, de corazón noble y sano, y alma tan grande y pura como el cielo castellano, oriundo de Birmingham (UK), piadoso pakistaní según las costumbres de sus padres inmigrantes, pero muy bien integrado en la cultura occidental, decide por fin obedecer a su madre y viajar a la aldea paterna para casarse con la mujer elegida desde hace tiempo por su padre. O por lo menos así lo relata el protagonista de este relato. A los cuatro días se da perfecta cuenta que esa chica será la mujer de su vida e inmediatamente invita a sus cuatro mejores amigos -británicos- a su boda que se celebrará próximamente. Pero los amigos no parece que tengan la intención de ir. Al llegar a Carachi se instalan en una mezquita porque piensan que "un hotel sería muy caro" (sic). Pasan dos semanas y el homenajeado decide ir a buscarles a la capital. A su encuentro parece olvidársele todos los planes anteriores. Escuchan "por casualidad" a un líder islamista cómo insta a los pakistanís a que ayuden a sus hermanos afganos que van a sufrir el yunque americano en las próximas fechas. Los cinco amigos sienten la solidaridad en sus venas y pagan una fortuna para cruzar la frontera (todos intentan salir de Afganistán, no entrar). Tras pasar un día en Kandahar y presenciar la virulencia de los bombardeos se convencen con más entusiasmo que su ayuda es imprescindible en Kabul. Allí que se las pelan pagando otra fortuna. La narración aquí se torna imbrincada: "tras dos semanas y media nos dimos cuenta que no podíamos hacer nada. Lo mejor será irse antes de que nos pase algo" (sic). Pero la fortuna no les acompañaba. El taxista que encuentran para que les traslade a su país curiosamente les engaña y les acaba dejando en Karduz, a la sazón, el último bastión talibán. Es decir, en el momento en que los americanos rompen el frente probablemente el lugar más peligroso del mundo. Aquí es cuando nuestros mazalbetes se sienten defraudados: "los americanos, que antes creíamos buenos, rompieron el frente y se acercaban a nosotros: Estábamos atrapados!" (sic). Todos los que están atrapados con ellos, sin embargo, están armados y parece que empiezan a huir en camiones por lo que ellos hacen lo mismo en un simple gesto de mímesis sin consecuencias. Pronto son capturados y deportados a Sebersham donde son hacinados en condiciones infrahumanas. Tanto es así que cuando viene la Cruz Roja y los periodistas creen oportuno no desvelar su origen británico "para volver antes a casa" (sic). En poco más de doce horas son separados del resto y llevados con un saco en la cabeza primero a kandahar y después a Guantánamo. Allí sí hacen valer ya su pasaporte europeo: "No sé, declara uno a un ranger hispano y a un representante de MI5, cómo no os podéis creer que somos británicos y que estábamos aquí de vacaciones para celebrar una boda".
Lo demás ya os lo podéis imaginar. "Nos trataban como a perros", "su crueldad no tiene límites" etc... Pero ahí estaban, libres, tras dos años de interrogatorios sin poder haberles sacados una cofesión ni más pruebas que unas fotografías. 750 personas han sido encarceladas en Guantánamo, concluye el doc_, y 500 siguien allí, sólo 10 han sido acusadas y ninguna ha sido declarada culpable.
Bien, productores, directores, por la defensa de los derechos humanos, Ginebra, etc..., bien, bien, bien, bien, bien. Pero acordaros del efecto Moore del que ya nos habló Paltrow, todavía no hemos visto ningún documental cuyo título sea: "qué has hecho con mi país, Ayatolá!" Hasta ahí buen periodismo, por cierto, nada arriesgado; pero la historia de la boda, el intento de representar la absoluta inocencia de los protagonistas hace de vuestro trabajo algo infame y denigrante. Haciendo cuentas, total: zero points.
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