El cenutrio que ilustra el anterior post y la vida abúlica que sugiere me ha recordado el último artículo publicado en La Vanguardia por nuestra psiquiatra dominical, Dra. Xaro Sánchez, en el que nos advierte de los peligros de la mente ociosa:
"Nuestro cerebro está acostumbrado, evolutivamente hablando, a tener que trabajar con ahínco para conseguir sobrevivir. Nuestros antepasados desarrollaron sistemas de insistir y no desfallecer en la consecuencia de los menesteres vitales, en aquellas épocas, difíciles de obtener. Si no hubiere sido así, la vocación de caminar largas jornadas o de buscar nuevos territorios para abastecerse no hubiera existido. Las condiciones actuales de vida que suponen tener de todo fácilmente conllevan con demasiado frecuencia a una falta de esfuerzo físico y mental, fuentes de un bajo estado de ánimo. Por eso esforzarse es un buen regulador cotidiano del ánimo".
Nada nuevo bajo el sol, pues nuestros lectores saben, gracias a Horacio, y a la máxima que preside nuestro blog que para ser feliz hay que extremar el rigor. Pero, en la búsqueda de la felicidad, no nos servirá cualquier clase de esfuerzo.
Según nuestra psiquiatra de bolsillo: “El cerebro disfruta esforzándose por conseguir aquello que cuesta. ¡Eh.! Pero sólo si el sacrificio tiene tantas probabilidades de acabar con éxito cómo de fracasar. Si sabemos que es fracaso seguro o muy difícil de conseguir, desinteresa o frustra. Si en cambio es éxito seguro, sólo da satisfacción en la medida en que colma la necesidad a la que iba dirigido. El verdadero places es luchar por un logro con la máxima incertidumbre: el tal vez sí o el tal vez no al 50% riega más que cualquier otra circunstancia nuestro cerebro de dopamina, la sustancia del gusto por perseverar con ardor y aplazar el placer.”
Una vez más algo de esto habíamos intuido, cuando un querido amigo nos preguntó qué o cómo podía hacer para ganar el dinero suficiente para formar una familia, adquirir un casa, tener su propio negocio. Nuestra mayestática respuesta fue: “cásate, ten un hijo, cómprate una casa y monta un negocio. Sólo entonces sabrás qué tienes que hacer para poder pagarlo..y lo harás”.
Y es que cómo sigue diciendo la Doctora: “El truco está en ir colocando pequeñas metas cada tanto de esfuerzo. Y en esos momentos de duda, no olvidar que es posible disfrutar de algún logro futuro porque trabajar por él ya da placer inmediato”.
Debe pues, el moralista matinal, huir de la mañanas perezosas, de las tardes ociosas y las noches insomnes y consagrar sus días y sus horas a la consecución de los más grandes objetivos y al disfrute de los pequeños triunfos.
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