Seguidores

jueves, agosto 09, 2007

¿Para qué sirve la depresión y por qué nos deprimimos?

La Doctora en Psiquiatría Xaro Sánchez escribe en la Vanguardia del domingo 5 de agosto, "..Evolutivamente el estado de ánimo es una especie de detector de cómo está el organismo; si se han podido satisfacer las necesidades y los objetivos vitales, el estado de ánimo es bueno, de lo contrario el estado es de desmoralización y tristeza (un estado subjetivo sin embargo sólo consciente en los cerebros humanos cargados de interconexiones entre la inmensa corteza cerebral y las redes emocionales y motivacionales ). Pero el objetivo evolutivo final no es estar triste, si no detener la conducta el tiempo suficiente para darnos tiempo de buscar otras alternativas y valorar los errores y las estrategias infructuosas. Una vez planificadas nuevas tácticas y conseguidas, ahora sí las metas, la desmoralización y el estancamiento conductal desparece. Por tanto, los cambios en el estado de ánimo son respuestas útiles para la supervivencia cuando lo que las desencadena y el efecto que producen son congruentes. Las metas no son primordialmente complejas, sino, por el contrario, cosas bastante esenciales ( motivaciones primarias): obtener comida cuando tenemos hambre, encontrar pareja y podernos reproducir cuando toca, dormir cuando tenemos sueño, trabajar y movernos cuando neurohormonalmente estamos preparados para ello, estar acompañados por otros seres de nuestra especie, satisfacer la curiosidad y el conocimiento, actuar en consonancia con nuestro ciclo vital...Actualmente muchas necesidades vitales son infravaloradas y poco cuidadas (por ejemplo, sólo por no dormir bien o comer mal podemos encontrarnos desanimados y si esa situación se mantiene durante mucho tiempo puede acabar en depresión). Tan importante son los requerimientos básicos que antes de pensar en causas más complejas deberíamos asegurar que el estado de ánimo no está siendo influido por la falta o la inadecuación de algunas de esas necesidades. Además, desde que nacemos vamos adquiriendo por diferentes estrategias de aprendizaje infinitas nuevas ambiciones que llegan a convertirse en propósitos también muy importantes para el estado de ánimo. Y por si fuera poco cuando no los podemos satisfacer buscamos sustituirlos por otros, sean sanos o no. Si somos vulnerables (el grado de vulnerabilidad varía entre las personas y se debe a diferentes causas) podemos deprimirnos, porque nuestro cerebro de hace cien mil años está preparado para ello.
Naturalmente la doctora, apostilla que " algunos estados depresivos son enfermedades del cerebro prácticamente inevitables y que se disparan aunque en las condiciones internas y externas sean adecuadas". Este último tipo de depresión (inevitable no incurable ) no es el que nos ocupa ahora. Si lo he entendido bien, en la evolución natural, la depresión cumple como todo una función: se produce cuando el cuerpo siente una disfunción prolongada (falta de sueño y/o descanso, falta o exceso de ejercicio físico y/o mental, demasiado estres, alimentación inadecuada) y viendo que algo va mal, y se prolonga en el tiempo demasiado, el cerebro da la orden de "detente" ralentizando todos las funciones biológicas y neuronales: la depresión. De este modo, supongo, el neaerdental se quedaba en la cueva, y por la forzada inactividad cesaba en el hábito o situación que le estaba causando la disfunción, descansaba, dormía, se alimentaba y una vez superada la situación, volvía con más energía y ganas, si cabe, a la caza del mamut y el acoso de hembras que se agachaban confiadas para beber en el río. En nuestra mierda de sociedad digital post-industrial post-tecnológica y pre-calentamientoglobal ( que no llega nunca), no existe el "detente y mira". No podemos variar un ápice nuestras conductas o hábitos, bien por que nos lo exige la sociedad ( trabajo, familia, relaciones sociales) bien por que nos la imponemos nosotros con adiciones de las que no podemos escapar (drogas, alcohol, tabaco, ajos crudos..), con conductas perniciosas ( falta de sueño, alimentación inadecuada por exceso o defecto), y/o con la asunción y preocupación por responsabilidades qué nos es imposible solucionar por nosotros mismos ( la paz mundial, el cambio climático, qué hubiera pasado sino/si hubiera hecho aquello, porqué no me quiere, qué sucederá mañana) De ahí que nuestras depresiones se enquisten y profundicen. Alguna intuición de esto tuvimos (plural mayestático, siempre bien) en nuestro post "la pelota de Pol". Así que, si estas en la terraza, con la ayuda de la medicación y el psicólogo, debes averiguar cómo has llegado hasta allí, y cómo puedes volver a entrar en casa. Pero recuerda que no está en nuestras manos cambiar el pasado, ni el presente, solo la forma en que los percibimos, y si lo hacemos de una manera positiva y creadora, llevamos una vida sana y nos preocupamos sólo de aquello que podemos solucionar, construiremos un futuro esplendoroso para nosotros y para los que queremos.


2 comentarios:

Peter von Weiss dijo...

Dos cosas: Nuestro cuerpo no es una máquina de suma cero con el entorno, ni nuestro sistema inmunológico se parece a un gran estratega que gobierna las defensas de sus fortaleza contra los enemigos. El doctor House nos ha hecho ver que más bien nuestro cuerpo carece de escasos límites con el entorno y su sistema de defensa se parece más a una compañía de saltinbanquis trabestidos que no en pocas ocasiones olvidan su objetijo original (enfermedades autoinmunológicas). Pero adivino, querido Paltrow, qué es lo que te carcome por dentro. Se puede ayudar a un deprimido? Ninguna solución voluntarista es buena salvo aquella en la que el que ayuda se juega la vida. O con palabras de Nietzsche: nadie es fiel al partido en su contra (podríamos decir a la psicología o a la terapia). Porque si por amor se nos ha podido estafar de tal manera qué no se podrá hacernos por la sangre del que tenemos al lado. No somos humanos porque poseamos el mismo cerebro sino porque compartimos el mismo destino.

Robot Marvin dijo...

Adjunto un link a un relato personal sobre la depresion. El texto trata la depresion como un desajuste quimico y recomienda como terapia no hacer nada: no hacer nada excitante ni aposionante, ni siquiera hacer deporte hasta que los niveles de serotonina, adrenalina y cortisol se reajusta.

Una vision muy mecanica de la depresion, muy acorde con la doctora citada en el texto de Paltrow (y con la bateria de la pelota de Pol) y totalmente opuesta al comentario de Peter.