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sábado, septiembre 15, 2007

Bergman, Mankell y esa manera escandinava de ser tan así

La mayoría de los intelectuales patrios, al menos los que publican, creen que el sentido trágico de la vida, la aterradora angustia existencial, el estridente silencio que envuelve la soledad del que sufre, y la quietud que precede el drama, son los adjetivos naturales de la producción artística "seria". No puede ser de otro modo, piensan, dado que estas son las carácteristicas de la obra los grandes cineastas del siglo XX, Bergman, Fassbinder, Truffaut, Godard, el siempre reverenciado Eric Rohmer, y el nunca bien ponderado Krzysztof Kieslowski. Olvidan que la obra no puede ser más que un reflejo mediato o inmediato de la personalidad del autor, y que esta no es la cristalización de un bagaje cultural, ético y político superior a otros (al norteamericano) sino el resultado de esa manera de ser-tan-así escandinava y por extensión centroeuropea. Los largos, frios y oscuros inviernos del centro y norte de europa, han forjado en sus habitantes una personalidad adusta, severa, melancólica y en más de una ocasión, claramente depresiva. Personalidad que se refleja en la creación artística como en cualquier otra faceta de la vida. Un ejemplo es Henning Mankell, dramaturgo y novelista sueco, mundialmente conocido por sus novelas de dectectives. El crítico literario chupalápices se refocila y estremece de placer ante el devenir existencial de este gris funcionario de policia de una pequeña ciudad sueca que resuelve sus casos mediante el metódico análisis de los hechos y la paciente observación del lento devenir de los sucesos. Un "detective" que se sitúa en las antípodas del clásico "detective privado" de la novela negra norteamericana, y por tanto, en los rígidos esquemas del pensamiento único progresista, moralmente superior. Pero.. primero principios, Clarice. Como su autor, el personaje no es más que un sueco que hace lo que los suecos en Suecia:
"Después se marchó a casa y se preparó una cena que ni él mismo habría sido capaz de describir. Regó las cinco plantas que tenía en los alféizares de las ventanas, llenó una lavadora con la ropa sucia que había por allí esparcida, antes de comprobar que no había por allí detergente, y se sentó en el sofá a cortarse las uñas de los pies. De vez en cuando, alzaba la vista y echaba una ojeada a la habitación, como si albergase la esperanza de descubrir, de pronto, que no estaba sólo. Poco después de las diez, se fue a la cama, donde el sueño le venció casi de inmediato. En la calle, la lluvia había remitido hasta hacerse casi imperceptible."
El Hombre Sonriente, de Henning Mankell es pues, una novela sueca-sueca que desarrolla una creíble, sostenida y bien resuelta intriga políciaca y a la que no le faltan acertados análisis sobre la condición humana:
"Aparcó detras de un BMW negro y salió del coche. El silencio era absoluto a su alrededor. Aquella calma le hizo pensar en el día anterior, cuando recorrió el camino de Gravilla que conducía a la casa de Gustaf Torstensson. "Tal vez sea la calma la carácterítica más sobresaliente de las personas bien situadas" pensó. "No las orquestas ni el toque de clarines sino la calma".
..
o sobre la naturaleza de las cosas:
"Era uno de esos días tan poco frecuentes en que reinaba una calma chicha y la niebla se extendía sobre la playa y el mar como un amnto estático. Desde la distancia las sirenas emitían sus alaridos como bestias invisibles abandonadas a su suerte. Todo aquel paisaje único parecía contener la respiración. De repente mientras caminaba vio al hombre del abrigo negro y se paró en seco."
En definitiva, una lectura ideal para conciliar el sueño. ¡Yavestruz!.