1
CANCIÓN REGIA
Debes con dignidad soportar la vida,
tan sólo lo mezquino lo hace pequeña;
los mendigos te podrán llamar hermano,
y tú puedes sin embargo ser rey.
Aunque el divino silencio de tu frente
no lo interrumpa dorada diadema,
los niños se inclinarán en tu presencia,
los entusiastas te mirarán atónitos.
A ti los días de rutilante sol
te hilarán rica púrpura y blanco armiño,
y, con pesares y dichas en sus manos,
de rodillas anti ti estarán las noches...
[Praga, 9 de setiembre de 1896]
2
Ésta es la nostalgia: morar en la onda
y no tener patria en el tiempo.
Y éstos son los deseos: quedos diálogos
de las horas cotidianas con la eternidad.
Y eso es la vida. Hasta que de un ayer
suba la hora más solitaria de todas,
la que sonriendo, distinta a sus hermanas,
guarde silencio en presencia de lo eterno.
[Berlín-Wilmersdorf, 3 de noviembre de 1897]
3
No puedes esperar que Dios llegue a ti
y te diga: yo soy,
un Dios que declara su poder
carece de sentido.
Tienes que saber que Dios sopla a través de ti
desde el comienzo,
y si tu pecho arde y nada denota,
entonces está Dios obrando en ti.
[1898-1899]
4
Amo de mi ser las cosas oscuras,
en las cuales se ahondan mis sentidos;
en ellas, tal como en añejas cartas,
hallé mi vida diaria ya vivida,
superada, hecha lejana leyenda.
De ellas sé que tengo espacio para una
segunda vida, ancha y sin tiempo.
Y a veces soy como el árbol que adulto
y rumoroso, encima de una tumba,
cumple el sueño que el chico, ya sido,
-por el que se entran sus raíces cálidas-
perdió en melancolías y canciones.
5
¿Qué harás tú, oh Dios, cuando yo muera?
Yo soy tu cántaro - ¿y si me quiebro?,
yo soy tu bebida, -y si me corrompo,
soy tu adorno y tu trabajo.
Tú pierdes conmigo tu sentido.
Después de mi no tendrás casa en donde
palabras cercanas y cálidas te saluden.
De tus pies cansados se caerá
la sandalia de seda que yo soy.
Tu gran manto se soltará de ti.
Tu mirada, que yo acojo caliente
en mis mejillas, como en un almohada,
andará buscándome largo tiempo -
y a la hora del ocaso se echará
en el regazo de unas piedras desconocidas.
Y tú, oh Dios, ¿qué harás? Yo tengo miedo.
[26 de setiembre de 1899]
6
No te maravilla el ímpetu del huracán,
tú lo has visto crecer:
- los árboles huyen, y su huida
crea avenidas marchando solemnes.
Entonces sabes que el que ante ellos huye
es aquel con quien tú vas,
y tus sentidos lo cantan
cuando estás asomado a la ventana.
En calma quedaban las semanas estivales,
ascendía la sangre de los árboles:
ahora tú sientes que quieres caer
en el que todo lo hace.
Creías reconocer ya la fuerza
al abrazar el fruto,
ahora se vuelve de nuevo enigmático,
y eres una vez más huésped.
El estío fue casi como tu casa,
en ella sabes mantener todo
-ahora has de ir lejos de tu corazón
al igual que se va por la llanura.
Empieza la grandiosa soledad,
sordos se tornan los días,
de tus sentidos toma el viento el mundo
como una hoja muerta.
A través de su ramaje vacío
se ve el cielo que tú tienes;
sé tú ahora tierra y canción de ocaso,
y país que con el cielo linda.
Sé humilde ahora como una cosa
madura para la realidad,
- para que Él, del que surgió el conocer
te sienta cuando te coja.
[18 de setiembre de 1901]
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