"La conclusión es que la rentabilidad total de los mercados se obtiene principalmente de un número limitado de sesiones. En otras palabras, si está pensando salir del mercado porque las cotizaciones caen, existen muchas posibilidades de que pierda el tren de la próxima subida.Este estudio muestra unos datos muy reveladores. Si usted hubiera invertido en junio de 1992 una cantidad de 1.000 euros en la Bolsa de Madrid y hubiera conservado sus títulos reinvirtiendo los dividendos cobrados, su dinero inicial se habría convertido en 6.846 euros en junio de 2007.
En cambio, si usted se hubiera perdido, en este periodo, los diez días de mayores subidas, sus 1.000 euros iniciales tan sólo se habrían revalorizado hasta 3.833 euros. Y si usted se hubiera perdido los 40 mejores días de este periodo de un total de más de 5.000 días, la inversión inicial se habría limitado a 1.137 euros. Otro ejemplo: 1.000 euros invertidos durante ese tiempo en la Bolsa de Ámsterdam se habrían convertido en 3.749 euros, sin otra operación más que la reinversión de los dividendos. Pero si nos hubiésemos perdido los 40 mejores días de estos quince años, los 1.000 euros iniciales se habrían visto reducidos a tan sólo 586. ¿Y en la Bolsa de Estocolmo? Aún peor. Una inversión de 1.000 euros realizada en 1992 se habría convertido en 8.933 euros. Pero tan sólo en 967 euros si nos hubiésemos perdido los 40 mejores días de ese periodo."
Así pues, de nuevo se reinvidica la certeza del viejo adagio que sostiene que la fortuna es el resultado de estar en el lugar apropiado en el momento oportuno(en la bolsa el día que sube). Pero esto no significa que nuestro destino pertenezca íntegramente a la divina partitura del azar. Sí podemos elegir. Sí podemos decidir.
Nuestra capacidad de elección del momento, saber cuándo subirá la bolsa, es casí nula, o cuando menos, mero fruto de la especulación y/o las artes adivinatorias, dado que son tantas las variables que conforman cada instante del devenir histórico, político, económico y social que lograr que confluyan todas en un momento determinado en el sentido deseado y por nuestra mera voluntad parece una tarea imposible, o cuando menos poco recomendable.
En cambio, la elección del lugar y sobre todo la permanencia en él lugar elegddo sí que parece una labor a nuestro alcance, y dependiente en su mayor medida de nuestra sóla voluntad. Así que, para obtener una licenciatura nos situamos en la universiad, y para coger un tren en la estación de ferrrocarril.
Las elecciones del lugar determinaran nuestro destino cuando menos en igual medida que las del momento (la carrera la acabremos en cinco años o diez, después de un tren pasa otro..) siempre y cuando estemos en el lugar apropiado, esto es no cursemos un doctorado en el guardavías, o esperemos el cercanías en un claustro. Si queremos llegar a ser director de Banco, cuanto antes empezemos a trabajar para un banco (el lugar apropiado), aunque sea de administrativo, antes estaremos en condiciones de suceder en su puesto al Director detenido por desfalco (el momento oportuno). Las posibilidades de encontrar novia cruzando el océano en solitario en un kayak son casí nulas, pero se multiplican por millones si nos situamos en el FNAC durante la presentación de un libro de poesía erótica . El momento llegará o no, pero nosotros debemos estar ahí dónde pueda o deba suceder el efecto esperado.
Se enfrenta pues, el moralista matinal, a un nuevo reto para éste curso: Una vez definidos nuestros objetivos, hacer las elecciones del lugar apropiado y mantenernos en alerta para detetectar el momento cuando llegue.
No hay comentarios:
Publicar un comentario