La primera, precipitada y equivocada conclusión que extraje al finalizar la visión del film este pasado sábado la nuit fue la que sin duda nuestro querido y beodo amigo Mel Gibson quiso transmitirnos de manera subrepticia : menos mal que llegaron los españoles para poner un poco de orden en aquel caos selvático. Con esta idea y más ancho que pancho, me introduje en la cama donde un sueño inquietante agitó mi recién dormido ánimo. La escena se desarrollaba en la profundidad de una foresta inundada por la luz plateada que se filtraba a través de las altas y vastísimas copas de inmensos árboles ecuatoriales: ora me veía persiguiendo tapires en pelota picada en lo más recóndito de la selva, ora me bañaba en milenarias cascadas de aguas tibias y cristalinas junto a despreocupadas jovencitas de morenas y melosas turgencias. El paraíso en la tierra.
De repente todo se esfumaba y me veía recorriendo una playa de grava negra donde unas voces metálicas con marcado acento extremeño procedentes del mar gritaban: ¡Yeeeeeeeeeeeeeee! ¡Sus vais a enterar, sus vais a enterar! Quería escapar pero la fuerza irresistible de la curiosidad me lo impedía. Las voces siguieron repitiendo el estribillo hasta que de la bruma surgieron tres carabelas con su nombre estampado en las velas mayores: Trabajo, Impuestos y Sexto Mandamiento.
Señor Mel Gibson, a mí no me la pega.
La peli me gustó y la banda sonora es la repera: un desconocido, desatado y supertamborilero James Horner.
2 comentarios:
La editorial de hoy del NewYork Times habla del litigio entre el Reino de España (ein?) y los cazatesoros del "Odissey". Los judíos democratas del NYT concluyen que puede ser legítima la reclamación del gobierno español de las toneladas de plata que albergaba las bodegas del galeón hundido, pero encuentra más legítima la reclamación que en su opinión debería interponer el gobierno de perú, como heredero político y social de los antiguos mayas, únicos y primitivos propietarios de la plata, ora expoliada por adustos castellanos, ora por cazatesoros yankies. Por cierto, acojonte banda sonara, me dan ganas de comerme un jíbaro.
Yo no aprecié ningún juicio de valor respecto a la aparición de las calaveras. En cambio sí me ayudó a derribar de mi mente el prejuicio de la bondad natural de las culturas precolombinas (recuerde Stompanato http://whomadethestorms.blogspot.com/search?updated-min=2006-01-01T00%3A00%3A00%2B01%3A00&updated-max=2007-01-01T00%3A00%3A00%2B01%3A00&max-results=50)
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