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lunes, septiembre 03, 2007

La felicidad según Séneca (y 2)

Si deseas clarificar del todo la ambigüedad de los vocablos, muéstranos que es feliz no aquel hombre al que vulgarmente se le considera tal , a quien afluyó mucho dinero, sino aquel que todo el bien lo tiene en su alma, noble, distinguido, que pisotea lo que deslumbra a la gente, que no ve ningún mortal con quien desee intercambiar su destino, que aprecia al hombre sólo por aquellos rasgos que hacen de él un hombre, que aprovecha el magisterio de la naturaleza, que se modela conforme a sus dictados y vive tal como ella prescribe; a quien ningún poder arrebata sus bienes, sino que él transforma en bien los males, firme en su juicio, inquebrantable, intrépido; el que, si alguna violencia puede conmover, ninguna le perturba; al que la fortuna, cuando lanza contra él, con sumo ímpetu, el dardo más nocivo que posee, sólo le punza, no le hiere, y esto aún raras veces; porque los restantes dardos de ella, que hacen sucumbir al género humano rebotan en él a la manera del granizo que, sin perjuicio alguno para sus moradores, cruje y se disuelve.

[Cartas a Lucilio, V, 45, 9-10]

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