El atractivo de volver a casa es que te da la sensación de que las cosas van a cambiar. No solo porque realmente el que vuelve ha cambiado sino porque también el tiempo ha pasado en el lugar de origen. La equivocación es interpretarlo como si el mundo o uno mismo estuviera renovado, pues es precisamente lo contrario lo que ha pasado. Y sin embargo aún sabiéndolo se puede engañar al cerebro mediante una astuta obstinación en empezar de nuevo y no repetir lo que seguramente volverías a hacer de nuevo mal.
La patria es mucho más de lo que parece o de lo que se puede hablar. No son los signos de la identidad sino la identidad misma sobre la que inconscientemente descansamos. Tal vez sea cierto que deba ser reconocida a través de signos y que difícilmente pueda sobrevivir sin ellos. El alejamiento y el tiempo por ello suelen replantear al individuo su relación con su patria a un nivel consciente. La sustancia se subjetiviza pero para ello ¿no habrá de adquirir necesariamente una nueva porción de materia desespiritualizada?
No hay comentarios:
Publicar un comentario