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miércoles, diciembre 05, 2007

El cuaderno azul (y 21)

El almendro estaba muerto. Mi padre y yo plantamos un magnolio joven en su lugar, pero al hacerlo se nos partió la copa, un gesto casi imperceptible y reprimido en su rostro aunque dijo: “cuando os haga sombra, yo estaré bajo tierra”. Hoy fuimos a verlo. La primavera había hecho brotar de la copa fragmentada dos yemas, de ellas hasta seis corolas se elevaban temblando hacia el cielo. Esta vez no pudo ahogar lo que sentía.

Lo bello es difícil.

Cuando habla H. el mundo se le esconde entre las manos como a un mago, y estarías toda la tarde viendo una y otra vez haciendo el truco, pues el resultado no importa. La diferencia respecto a la prestidigitación reside en que en esta sabes que te están engañando y, sobre todo, que tú mismo podrías hacerlo a base de práctica.

El poeta es aquel que no se encuentra acomodado en el lenguaje y que no deja estarlo a los demás, y de la misma manera que las relaciones de subyugación de las sociedades envejecen y renacen, el tedio del convencionalismo crea regeneradores de la palabra y el significado. En este sentido, la post-modernidad con sus global-mass-media debería –al contrario de lo que se cree- estar fabricando una sub-cultura renacentista jamás vista en la historia.

La mayoría de los escritos son buenos por lo que no dicen, de lo que se deduce que sólo son buenos para gente entrenada; y esto basta para justificar a los clásicos pero también a ciertas formas de arte elitista. La diferencia es notoria a pesar de todo. El hombre sabio es el que ve detrás de lo que hay. La sabiduría suele callar y no tiene un terreno específico de cultivo.

La conciencia aristocrática tenía que hacer algo para paladear el placer –para ella antes prohibido- de la inocencia de pertenecer al pueblo llano y escamotear la responsabilidad del destino de la comunidad: crear la democracia. Para ello sólo tuvieron que renunciar a perder su identidad oficial y sus palacios que por otro lado empezaban a antojárseles aburridos.

Malinterpretar la fuerza. Como el que desconfía de una verdad porque no posee localización sentimental o afectiva (dimensión retórica). O a la inversa: el predicador que mueve a sus fieles dándole un poder a la palabra escrita que por sí misma no tiene; si esto es verdad, ¿por qué no quemar –como propuso Hume- todos los tratado de metafísica que estudian la legitimidad del discurso moral escrito, como si eso fuera a dotarle de más fuerza?

Cuando se dice: “si rezo, me siento bien”, no se está hablando de una binomio medio-fin, o causa-efecto, ni antecedente-consecuente, ni principio-principiado. Muchas veces rezar es una reacción a un estado de gozo o de pena frente al que cabe solo ese tipo de conducta. No se puede vivir sin esperanza (Kierkegaärd).

Muchos gurús, santos, artistas, genios, han actuado como si el espíritu fuera infinito, como si sus perplejidades fueran espejismos. Y los filósofos se lo reprochamos!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hablas de la belleza, de la dificultad de ésta, cuando ésta puede estar también en su sencillez.

Hablas de lo elitista que supone un buen escrito, basándote en que su excelencia reside en lo que no dice, y en cuya comprensión está sólo al alcance de unos pocos.

Y a mi se me antoja que debo ser un torpe, porque sólo llego a entender, a duras penas, lo que está escrito, y a lo sumo lo que se deja claramente ver entre líneas.

Y sigues escribiendo, hablando, de diferentes temas, aparentemente inconexos, o tal vez estén relacionados por ese “los escritos son buenos por lo que no dicen” y por ese otro “el poeta es aquel que no se encuentra acomodado en el lenguaje y que no deja estarlo a los demás”.

En “El cuaderno de corcho I” aplicas tu principio al límite…
Lo he leído y me ha parecido bello por su simplicidad y equilibrio.
He dejado volar mi imaginación intentando adivinar lo que podías estar pensando al escribirlo, pero cuál ha sido mi desilusión al descubrir en tu propio comentario el contenido integro y original del poema; no sólo no coincidía con mi interpretación, sino que me ha resultado críptico.

Es posible que el poeta no deba encontrarse acomodado en el lenguaje, pero ¿estás seguro de que no deba tampoco dejar estarlo a los demás?

¿Es que sólo ha de escribir para él mismo, o para unas pocas mentes preclaras que serán capaces de interpretarle correctamente?
¡Estoy casi seguro, de que no habrá una sola interpretación coincidente entre esos privilegiados!

Peter von Weiss dijo...

Que conste, Feedback, que trataba de diferenciar la sabiduría de ciertos círculos elitistas, porque si en un principio los grandes clásicos no eran más que cartas privadas escritas entre grandes genios pronto se universalizaron en lo que llamamos hoy humanismo. El sabio no necesita estar en su terreno para poder hablar, pero habitualmente no habla. Pero me alegra mucho que el cuaderno de corcho parezca equilibrado tras la poda sea cual sea la interpretación: es en sí mismo impotable!