Una mente auténticamente metafísica se compadece de sí misma.
Muy pocas veces pensar es agradecer. A casi todo se le llama pensar.
La mente metafísicamente sana, canta y celebra. Engendra con dolores de parto.
El pensar es un hijo ilegítimo de la religión, no en el sentido de que la evidencia religiosa no piense, sino en el sentido de que ella no dictamina desde la butaca. El pensar de la religión sangra.
Ser religioso es una cuestión de genio, más que ser artista.
Los cristianos predican hasta en los momentos en que ser y deber ser coinciden en el instante brillante –menos en las experiencias místicas. A veces pierden el sentido de la predicación y muy pocos viven en paz. A muchos les escandaliza que se pueda ser feliz fuera de su iglesia porque no comprenden que tal vez ellos ya lo están.
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