"También yo, aunque en tu presencia me desprecie, sé algo de ti, que ignoro de mí" (Agustín de Hipona, V, 10)
"Grande es esta virtud de la memoria, grande sobremanera, Dios mío, penetral amplio e infinito. ¿Quién ha llegado a su fondo? Pero, con ser esta virtud propia de mi alma y pertenecer a mi naturaleza, no soy yo capaz de abarcar totalmente lo que soy. De donde se sigue que es angosta el alma para contenerse a sí misma" (VIII, 10).
"Unde hoc monstrum? Et quare istuc?" (XI, 13).
"Hasta que mis tinieblas sean como el mediodía de tu rostro" (X, 5).
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