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viernes, enero 30, 2009

Shopenhauer sobre la insociabilidad

Una ojeada general nos hace descubrir dos enemigos de la felicidad humana: son el dolor y el tedio. Además podemos observar que, a medida que conseguimos alejarnos de uno, nos acercamos al otro, y recíprocamente; de manera que nuestra vida representa, en realidad, una oscilación más o menos fuerte entre ambos. (...) El antagonismo interior o subjetivo se funda en que, en todo individuo, la facilidad para impresionarse por uno de estos males está en relación inversa con la de impresionarse por el otro; porque esta susceptibilidad está determinada por la medida de las fuerzas intelectuales. En efecto, un espíritu obtuso va siempre acompañado de impresiones obtusas y de una falta de irritabilidad, lo que hace al individuo poco accesible a los dolores y a los disgustos de toda especie; pero esta misma cualidad obtusa de la inteligencia produce, por otra parte, ese vacío interior que se revela en tantos semblantes, y que se manifiesta por una atención siempre despierta hacia todos los acontecimientos, aún los más insignificantes del mundo exterior; ese vacío es la verdadera causa del tedio, y el que lo sufre aspira, con avidez, excitaciones exteriores, a fin de llegar a poner en movimiento su espíritu y su corazón por cualquier medio. Así que no es difícil la elección de los medios: bien se nota en la lamentable mezquindad de las distracciones a que se entregan los hombres (...). Ese vacío interior es lo que principalmente les induce a la persecución de todo tipo de reuniones, de diversiones y de lujo, persecución que a tantas personas conduce a la disipación y, finalmente, a la miseria. Nada pone más en guardia contra estos extravíos que la riqueza interior, la riqueza del espíritu; porque cuanto más se aproxima éste a la superioridad menos lugar deja al tedio (...). Mas, por otra parte, una inteligencia superior tiene por condición inmediata una sensibilidad más viva y, por su causa una mayor impetuosidad de la voluntad y, en consecuencia, de la pasión; de la unión de estas dos condiciones resulta una intensidad más considerable de todas las emociones y una sensibilidad exagerada para los dolores morales y hasta para los dolores físicos como también una impaciencia mayor en frente de todo obstáculo y hasta de un posible trastorno. Lo que contribuye aún más poderosamente a todos estos efectos es la vivacidad producida por la fuerza de la imaginación. (...) Por consiguiente, todo ser se aproxima tanto más a uno de los manantiales de las desgracias humanas cuanto más se aleja del otro. (...) El hombre inteligente aspirará, ante todo, a evitar cualquier dolor, cualquier molestia y a encontrar reposo y el ocio; buscará, pues, una vida tranquila, modesta, defendida de los importunos; después de haber mantenido durante algún tiempo relaciones con lo que se llama los hombres, preferirá una existencia retirada y, si es un espíritu superior, escogerá la soledad. Porque cuanto más se posee en sí mismo un hombre, menos necesidad tiene del mundo exterior y menos útiles le pueden ser los demás. Así pues la superioridad de la inteligencia conduce a la insociabilidad. (...) El individuo colocado en el extremo opuesto, desde el momento en que la necesidad le da tiempo para tomar aliento, buscará a toda costa pasatiempos y sociedad; se acomodará a todo, sin huir de nada más que de sí mismo. En la soledad, donde cada uno se ve reducido a sus propios recursos, se revela lo que posee por sí mismo. (...) Por eso Séneca dijo con razón: Omnis stultitia laborat fastidio sui (Toda necedad sufre el fastidio de sí misma). (...) Por consiguiente vemos, en resumen, que todo individuo es tanto más sociable cuanto más pobre de espíritu y, en general, cuanto más vulgar es. Porque en el mundo apenas hay término medio entre el aislamiento y la sociedad.

2 comentarios:

Paul Paltrow dijo...

jooder, la historia de mi vida..

Peter von Weiss dijo...

De El arte de la buena vida. Te vi retratado.