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viernes, febrero 20, 2009

Contra Rimbaud

"Una de las más hermosas expresiones del abandono confiado en las manos de Dios es el salmo 23:
El Señor es mi pastor, nada me falta.
En verdes praderas me hace recostar
y me lleva frescas aguas.
Recrea mi alma,
me guía por las sendas rectas
por amor de su nombre.
Aunque haya de pasar un valle tenebroso
no temo mal alguno porque Tú estás conmigo.
Tu clava y tu callado son mis consuelos.
Tú dispones ante mí una mesa
enfrente de mis enemigos.
Derramas óleo sobre mi cabeza,
y mi cáliz rebosa.
Sólo bondad y benevolencia me acompañan
todos los días de mi vida.
Y moraré en la casa del Señor
por dilatados días.
Existe la tentación de creer que falta algo esencial en nuestra situación y que, a causa de esto, se nos niega el avance y la posibilidad de desarrollarnos espiritualmente. (...) Según la expresión de Rimbaud, tengo la sensación de que "la verdadera vida está en otra parte", en una parte en la que no está mi vida, y que esta no es una verdadera vida, que, por culpa de algunas limitaciones o algunos sufrimientos, no me ofrece las condiciones de un auténtico florecimiento espiritual. (...) No obstante, a veces, bastaría muy poca cosa para que todo fuera distinto, una mirada de confianza y de esperanza en mi situación (basada en la certeza de que nada podrá faltarme). (...) Bienaventurados los que tienen el corazón purificado por la fe y la esperanza, que dirigen hacia su vida una mirada iluminada por la certeza de que, a pesar de las apariencias desfavorables, Dios está presente, atiende a nuestras necesidades esenciales y que, por lo tanto, nada les falta. Entonces, si tienen fe, verán a Dios: experimentarán la presencia de Dios que les acompaña y guía; comprenderán que todas aquellas circunstancias que les parecían negativas, en la pedagogía de Dios son, de hecho, medios poderosos para hacerles avanzar y crecer. San Juan de la Cruz dice que "suele ocurrir que, por donde creer perder, el alma gana y aprovecha más". Eso es muy cierto. En ocasiones estamos tan obnuvilados por lo que no funciona, por lo que -según nuestros criterios- debería ser diferente, que olvidamos lo positivo además de que no sabemos aprovechar todos los aspectos de nuestra situación, incluso los aparentemente negativos, para acercarnos a Dios. Lo que nos falta es, sobre todo, la convicción de que "el amor de Dios saca provecho de todo, del bien y del mal que se encuentran en mí" (Santa Teresa de Jesús, inspirándose en San Juan de la Cruz). (...) Cuando lleguemos a convencernos de esto, obtendremos una fuerza inmensa: Dios puede permitir que algunas veces me falte el dinero, la salud, el talento, las virtudes, pero nunca me faltará El mismo" (Jacques Philippe, La paz interior, VII).

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