Feliz es sólo el hombre bien templado, Que del hoy se hace dueño indiscutido, Que al mañana increparle puede osado: «Extrema tu rigor, que hoy he vivido»
Seguidores
jueves, marzo 19, 2009
El yo dividido (12)
La infancia parece estar fuera de la vorágine a la que me asomo, el principio visto del revés. Como si nuestros descendientes no nos precedieran, como si la ley de causalidad se invirtiera y el presente fuera el concurso de todos los movimientos futuros, y el pasado su continuación necesaria. Como si el tiempo se hubiera dado la vuelta. Esa visión se me hace más real que la que utilizamos habitualmente pasando a ser una forma alterada de conciencia que la evolución ha tenido que adoptar para soportar el peso de un final funesto. Adán y Eva de espaldas y tras ellos, a veces empujando tras una larga cadena sin resquicios, sus descendientes que corren nerviosos y empujando como si cien mil personas hicieran cola en el buffet de un Restop de una autopista. Empujan porque son empujados y cuanto más nos acercamos al presente y después al futuro se agudiza una línea de voces implorantes: quieren dar un paso alante para retrasarse. Al verme introducido en esa espera agónica miro hacia atrás y sólo escucho debilitados gritos y quejidos, y el final nublado del que todos huyen. En algunos instantes una grieta se abre ante mí; logro saltarla y puedo ver los rostros de los que me preceden precipitándose en ella suplicantes. Yo alargo mi mano sin ninguna posibilidad de rescatarlos, y veo cómo se resignan como si el golpe que les esperara no les fuera a llegar nunca. El centro al que se dirigen no podrá romperlos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario