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martes, mayo 19, 2009

Hipógrifo violento que corriste parejas con el viento (Rosaura en la Vida es Sueño, I, 1)

Segismundo ama a Rosaura. Pero la complejidad, los errores, los prejuicios, y, en fin, una trama dramática le hacen dudar de su propia cordura (Una vez vi aquesto mesmo tan clara y distintamente como ahora lo estoy viendo, y fue sueño III, 3). Sabe que en sus periodos de vigilia su vida depende tanto de lo que no puede controlar como en el sueño la mente dicta los acontecimientos (A reinar, fortuna, vamos; no me despiertes si duermo, y si es verdad no me aduermas; más sea verdad o sueño, obrar bien es lo que importa, si fuera verdad por serlo; si no, por ganar amigos para cuando despertemos III, 5). Si sueña viviendo o vive soñando dígalo en bando el rumor partido, porque el plan al que atenerse puede volverse del revés, lo que era necesario se vuelve insípido, lo superfluo apenas reseñable se recubre de la medida de lo inevitable. En palabras de Basilio: Poco reparo tiene lo infalible y mucho riesgo lo previsto tiene: si ha de ser, la defensa es imposible que quien excusa más, más le previene. ¡Dura ley! ¡Fuerte ocaso! ¡Horror terrible! Quien piensa huir al riesgo, al riesgo viene, con lo que yo guardaba me he perdido yo mismo, yo mi patria he destruido (III, 5). Quien conserva pierde, quien arriesga asegura, así se convence Segismundo hasta abandonarse por conseguir a su amada: ¿Qué os admira? ¿Qué os espanta? Si fue mi maestro el sueño y estoy temiendo en mis ansias que he de despertar y hallarme en mi cerrada prisión? Y cuando no sea, el soñarlo sólo basta que toda la dicha humana en fin, pasa como un sueño, y quiero hoy aprovecharla el tiempo que me durase: pidiendo de nuestras faltas perdón, pues de pechos nobles es tan propio el perdonarlas (III, 14). Y si es por Rosaura quiere hacer de su sueño, una verdad que un Dios soñara: Leía una vez yo en los libros que tenía, que lo que a Dios mayor estudio debe
era el h ombre, por ser el mundo breve; mas ya que lo que recelo la mujer, pues ha sido un breve cielo; y más beldad encierra que el hombre, cuando va de cielo a tierra, y más si es la que miro
(II, 7). Y consciente de su limitación (¡Ay, mísero de mí! ¡Ay, infelice! Apurar cielos pretendo I, 2) le hace esperar contando con su miseria (Cuando tan torpe la razón se halla, mejor habla, Señor, quien mejor calla II, 8), hasta explotar frente al mundo y señalar su dirección y sus nudos: Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza; sueña el que afana y pretende, sueña el que agrabia y ofende y el mundo en conclusión todos sueñas lo que son aunque ninguno lo entiende. Yo sueño que estoy aquí destas pasiones cargado y soñé que en otro estado más lisonjero de mí. ¿Qué es la vida? Un frenesí, ¿qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción y el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son (II, 19). Basilio, el padre de Rosaura, quiere asegurar pues en el fondo nadie cree que sus fines o lo que le da lo vivido pueda ser sueño y ficción: Quiero examinar si el cielo, que no es posible que mienta, y más habiéndonos dado de su vigor tantas muestras, en su cruel condición, o se mitiga o se templa por lo menos, y vencido con valor y prudencia se desdice, porque el hombre predomina en las estrellas (II, 1). Segismundo no se retracta en su suerte de haber querido o perderlo todo o desterrarse y perderse, si no es con la única verdad que le mueve o le encoge si perece: Pero recite yo y muera; que no sé, rendido ya, si el verte muerte me da, el no verte que me diera. Fuera más que muerte fiera, ira, rabia y dolor fuerte; fuera muerte; desta suerte su rigor he ponderado, pues dar vida a un desdichado es dar a un dichoso muerte (I, 2).

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