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jueves, agosto 20, 2009

Un nuevo concepto de educar (Reflexiones a partir de Dewey, Nietzsche y Shopenhauer) I

Por la manera primeriza de desembarazarse de la información, la palabra pierde su carácter más sagrado, el ser portadora de instrucción, ejemplo y transformación. No se trata de que el progreso en la formación se dilate, sino de que se vicia de manera que se puede decir que las vidas los escolares se vuelca la tríada hegeliana entre naturaleza-espíritu subjetivo-espíritu objetivo. Primero se desata la destreza teatral -el espíritu objetivo- y en ese caldo de cultivo los valores se difuminan, se diluyen, toman la forma de un cadáver en descomposición. La adquisición de saberes se disocia del cumplimiento del deber y sólo muy pocos son capaces de notar la hipocresía sobre los que se sustentan lógica y ética. Esos pocos tratan entonces de acceder al espíritu subjetivo y encuentran allí una fuerza de la cual nadie les ha hablado aunque desconocen hasta qué punto proviene de la naturaleza. Unos se determinan a sí mismos a través de lo concreto de su entorno y encuentran gran satisfacción en ello porque los resultados de su acción se desvelan enseguida. Su visión limitada no es un obstáculo sino su resguardo y guía para caminar seguros, se comienza a entrar en comunicación real con los seres particulares y descubren que nadie hasta ahora les ha hablado de las reacciones que provocan en ellos y les fascinan. Es como si habitaran un bosque del que tantos mapas les han trazado y poco les interesa la totalidad o los límites. Se ven inmersos en procesos de aprendizaje reales. No tienen prisa por conocer pero tampoco son desinteresados, simplemente descubren que lo que hasta ahora les han dicho no responde a lo que ven. Estos alumnos se vuelven ligeros y pacientes con tal de que se les muestre lo que no cuadra o no encaja, pero se aburren legítimamente de todo lo que es tratado con la frieldad de la que huyen. Se reconocen por sus obsesiones olvidadizas y porque desdeñan todo lo que se les da como importante. El peligro inmediato de estos joviales fisonomistas es su memoria. Quieren destruir todo lo que han construido, quieren desuniversalizar todo lo aprendido y en ocasiones no ven mejor modo de hacerlo que abandonando los estudios. Se les han rasgado las velas que les permitían navegar en el océano y se sienten a la intemperie. Solo aquellos que no desdeñen la curiosidad que comienza a crecer en su interior o encuentren un verdadero formador que les guía seguirán los cursando con un leve escepticismo, sano y provocador. Sus velas están rotas y pronto ven cómo su velocidad disminuye frente a sus compañeros. Por ello existe otro peligro de aislamiento o de un cinismo que agosta lo relevante que nace en ellos y que nadie reconoce. Se sienten lejos de los lugares comunes y una manera de mostrarlo es desarrollar cierta excentricidad que les dota de una barrera para no tener que actuar de determinada manera o según las expectativas. El espíritu subjetivo no se puede vivir más que como una caída, y las fracturas que producen todavía están presentes en forma de dudas vividas muchas veces de manera angustiosa. Poseen una vida más rica que los demás pero ellos no pueden verlo. Sólo adivinan que por lo menos es más real. Su experiencia está tratocada y los muebles antiguos ya no sirven para ordenar el mundo al que se enfrentan. Mostrarán cierta tendencia a la pereza porque si algo han aprendido es que la caída que les ha llevado hasta allí fue involuntaria y, aunque dolorosa, no cambiarían por ninguna sensación de seguridad del antiguo fingimiento. Sólo esa pereza sobria les permitirá caer al escalón del que debiera haber partido la labor educadora. La altura de la subjetividad a la naturaleza es mucho mayor que la anterior. Pueden tener desarrollado el pensamiento formal y la manera de sentirse a sí mismos, pero ahora se encuentran ante el cómo deben sentir. No hay ninguna razón para que este salto se de con garantías de éxito; por el contrario, el vértigo que puede producir tal abismo puede hacer involucionar hacia el espíritu objetivo y rehacer con un simple malavar el lugar que ocupaban al inicio. La interiorización ha generado una nueva manera de mirar que una vez desarrollada quiere saltar de particularidad en particularidad con más rapidez. Se quiere empezar a trazar el mapa del bosque con retazos desordenados y desconocen por completo la madureza del que una vez ha concluido el puzzle debe estar dispuesto a rehacerlo. Por ello en este periodo el educador no debe fomentar aquel ligero escepticismo con el que se inició la andadura, sino con el apoyo en la fe inquebrantable que deben terminar ese mapa que les va a mostrar el mundo tal como se da, como naturaleza. Las instituciones no van a ayudar en absoluta a esta labor puesta que ellas mismas son las responsables de haber creado ese monstruo. Si no queremos que su carácter se vaya abatiendo hacia el histrionismo o la bipolaridad debemos recoger por detrás de sus pasos los nudos sueltos sin que él se de cuenta. Ya habrá tiempo para atar o desatar. Y a la vez hay que colocarse antes, porque en el momento e que formule una pregunta ya no se encuentra en ninguna situación tipológica. Se trata de que llegue a encontrar su propio don y que lo capte como una tarea, como la tarea. Más allá de esto, el camino que recorrerá le pertenece y nosotros debemos desaparecer de la escena. Cuando ese espíritu esté maduro nos reencontraremos con él como el marinero en tierra que ha logrado soltar las amarras de un cayuco y lo ve atracar tiempo después como un buque repleto de tesoros. Os aseguro que se habrán de sacar fuerzas de flaqueza para amarrarlo en tierra.

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