Por aquel desapego
del camino
que te hacía
andar antes de tiempo,
por aquel plutonio
enriquecido
corriendo por mis venas,
por las letras
que trotaban ante
mí como hojas
y me hacían sonreír,
por la ausencia
celebrada de cualquier
miedo,
por ir diez pasos
antes o después
que la suerte,
por el respirar polifónico
con los amarillos
de un domingo de setiembre,
por la levedad breve
de las penas,
por sentirse superior
y besar el suelo,
por lo amores que
duraban
el tiempo no contado,
por ese viento
que va rolando
a un huracán,
por acariciarlo
en el cajón de
mi escritorio,
por las lágrimas
junto al mar,
por los nudos
que veo ahora
como piedras,
por el viento
que ha vuelto
a entonar la vieja estrofa
y por la gloria
de desembarcar
sin botín,
y aún te llamarán
hijo del sol,
hermano de los vientos,
amigo de los perdidos
en la noche.
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