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martes, septiembre 08, 2009

De aquella navidad recuerdo, sobre todo, dar vueltas al patio

1 de enero: la gran mentira. Todos los que dependen de su diletancia te miran desconfiados: te amordazarán si hace falta o, lo que es peor, te dejarán hablar mirando a otro. Si les sonríes te darán caramelos que mitiguen tu impaciencia, pues eso es de lo que te acusan, de no saber esperar el momento estipulado. De acuerdo, no más esclavo de la gran verdad, sino mártir de la gran Mentira.
3 de enero: sobre un papel, bajo un papel, entre estas paredes, qué importa quién te estará esperando, y, si lo hay, qué diferencia habrá entre el fuera y este jardín de baldosas enceradas?
4 de enero: por qué las noches aquí me duelen? Por qué los sueños no parecen más que interrupciones? Por qué no puedo seguir de pie si no puedo perderme?
5 de enero: Todo el mundo se empeña de hacer el transcurrir de las horas algo normal. Yo sólo veo en todo esto un atajo artificial. Me nutro de ojos dulces, de su esperanza.
6 de enero: Me preguntó quién era. No supe qué responder.
7 de enero: Entre las mantas duermo anestesiado ignorando dónde voy a despertar.
8 de enero: El día a día, me repetía. No ve que eso es parte del problema.
9 de enero: Se litigan el liderazgo como una manada de perros rastreros.
10 de enero: Mi lengua la daga, tu boca la herida.
11 de enero: Hoy la paz elemental que precede a la tormenta. Al final del día como si fuera alérgico a mi aliento.
13 de enero: Las cosas no pasan aquí. Me reanimo pensando en gente que encuentra una sonrisa que la enloquece y le llena de amor, o en alguien que defiende con su vida a su mejor amigo, o en otro que mitica el dolor que no puede verse. Nada de eso puede pasar en un sitio donde todo se hace deprisa.
14 de enero: Me dicen citando a no sé quién: busca la belleza porque es lo único que importa en este mundo. Cómo decirle que el árbol mutilado me es más agradable a la vista, que odio la luz cuando no deja sombras.
18 de enero: la gran verdad tiene forma de pregunta y deberás arrastrarla. O te vuelves loco o te conviertes en su víctima o te lavas las manos o destruyes tu cerebro contra ese muro. Por lo menos sé de los que llevan entre heridas sus cadenas que te dicen: si llegaras a tener la suerte de amar como un niño una navidad inexperta, si no tuvieras miedo a amar con la fuerza de de un huracán o un terremoto.

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