No se puede pretender darse la vuelta y verse al mismo tiempo. El proceso de aprendizaje no debe evaluarse en sí mismo. Demasiadas veces se confunde el placer que produce la conversión ficticia o la seguridad con que el adiestramiento arraiga. Enseñar al que no sabe es la labor más bonita y difícil que existe. Pero enseñar al que no quiere es una estupidez. A pesar de todo nos avergonzaríamos más de una vez si nos colocamos en su lugar. Lo primero que debe enseñarse es lo expresado por el término "renuncia". Es un proceso de limpieza y la manera más rápida gracias a la cual el cerebro se libera de esa nebulosa que acompaña a todas sus representaciones. La renuncia se enseña tratando de que se comiencen a dar pequeños saltos en los que no se encuentran seguros. Un buen método es que se intenten mostrar lo que suele decirse "secretos". La vergüenza de tal desvelamiento muy pronto se verá matizada por lo comunes o vulgares que los encuentran, por lo insignificante de su vida privada. La certeza del poco interés que van a despertar es un buen comienzo; otro puede ser la complicidad que nace en lo dolorosamente banal que es su vida y la de sus compañeros. Entonces es cuando deben renunciar a la pequeñez y ver un poco de luz en lo extraordinario. Ellos mismos harán una criba de este concepto hasta que comiencen a captar una música que ensordecía su deletreo átono. Que lo importante hasta ahora pierda valor y que lo no importante lo adquiera. El proceso no es doloroso, se trata de psiques plásticas y llenas de energía que están cansadas de repetir.
Origen, sexo y muerte son los tres momentos que han de lidiarse obligatoriamente porque en ellos se pierde o se recoge la identidad. Todo lo demás en su vida pivotará sobre esos pilares. Por tanto no exajero si digo que deben adquirir un susto reverencial cuando se hable de ellos. La vida de las personas que ha valido la pena siempre se ha basado en la esperanza de ennoblecerlos. La malinterpretada autonomía de la que se habla en la actualidad se adquiere en realidad en un tipo de relación sagrada con esos conceptos. Sólo las piedras que están sueltas acaban siendo cantos rodados. Las fijas son cortantes y ariscas. La esperanza es saber que debe caminarse en la oscuridad sabiendo que nunca acabará de darse la vuelta a esos puntos del camino.
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