Feliz es sólo el hombre bien templado, Que del hoy se hace dueño indiscutido, Que al mañana increparle puede osado: «Extrema tu rigor, que hoy he vivido»
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sábado, septiembre 05, 2009
Un nuevo concepto de educar VI
Es una buena señal que la secuenciación del programa se vea pronto deshecho y que se permanezca como a la deriva. Es la señal de que las dimensiones exactas que se habían calculado han sucumbido a un proceso vital, que la representación se ha visto superada por un trayecto cuyo rumbo no responde al timón del líder. En la pérdida pueden encontrarse las islas de la bieaventuranza, por utilizar un símbolo homeriano, y, en el caso de que no se puedan abordar hay que rodearlas de un al otro costado, hay que distanciarse y volver. Es la única manera de que la evidencia que se puede provocar se convierta en instrucción. Ningún alumno cree en las brújulas y mapas que se le dan, son, para ellos, nortes fingidos con los que el docente declina toda responsabilidad y ellos su interés. No hay cartografía válida si no ha sido trazada por el itinerante, por eso es necesario ponerse el uniforme de contienda y afrontar las lecciones como una viaje en el que se queman las naves de lo sabido, lo creído o lo esperado. Todos los hombres, como decía Hume, están instalados en las costumbres, que son como la Arcadia más o menos lujosa. La labor educativa consiste en arrancarles de ese paraíso benigno en el que viven destruyendo la paz que abrazan con la fuerza que provoca el miedo. Destruir el miedo es muy difícil. Como decía Platón la única manera de deshacerse de él es a través del eros, de la belleza. Deben ver evaporado su mundo de letras acuñadas en su mente por una niebla que les deshaga el mundo conquistado y desate un enjambre de dudas. Y deben ver entre la niebla un enjambre de posibilidades, un mundo abriéndose que ni siquiera habían soñado. Ese es el sentido de ver conectado lo que antes permanecía inconexo. Eso aniquila el miedo y es tan sencillo como trazar una línea entre dos puntos. Es la experiencia de lo bello: la sensación de estar volando por donde antes sólo se veía oscuridad. Es una vivencia magnética y se anticipa a toda dirección. Por eso es tan aconsejable que se pierda de vista el programa. Si no es por negligencia significará que se está enseñando y no adoctrinando. Uno de los síntomas del eros educativo es que inhabilita las opiniones anteriores o cualquier tipo de arrogancia, las mentes se abren compulsivamente. Todos los que pescan saben que las buenas piezas, una vez han picado, deben cansarse. Se les da sedal y se les deja deambular. Nunca se tira de ellos. Hay que abandonar de una vez por todas la rigidez del programa.
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