1
Callar este invierno,
anudar el pecho,
cuántas tormentas
me han oblidado
a olvidar el mismo mapa;
me hunde un vendaval
que apunta tras
mis sombra,
el triunfo sin brillo
que nunca he conocido.
2
Despertaste
con los pájaros.
Te hicieron contener
silbar,
cantar mientras
cantaban,
algo
te obligó a mirar
a un lado
de tu cama vacía.
Tu perro suspiró.
3
Pudiera haber sido
pobre en Sao Paulo,
funcionario en Bogotá,
pescador en Venezuela,
Argentina, Chile,
todas esas patrias
que no me hicieran doler
la madre patria.
4
Qué deuda
contrajiste
cuando reconocía tu ayuda,
que tu culpabilidad
era vergüenza
disfrazada
con velas de beato.
Y qué sorpresa
cuando me vi
en el cálculo
de estar juntos
y la manera
que me iba distanciando
para no salir en la foto.
5
CANCION DEL MARINERO
Cuando adivinaste
fresco por amura
tus ojos se hacían
cortinas en deshielo,
te quemaban,
y otro océano
por fin puro
y otro viento
en el momento
que tu nave
por crujía
se quebraba;
si he de hundirme,
pensaste,
que sea en ceñida
en un mar nuevo.
6
La voz del ayer,
la pesadez,
el día temprano,
la dulzura para mañana,
siempre esperando
o para otros.
7
Cuando dejan de crecer
las flores también pesan.
8
Olvidos presuntuosos
y señales inequívocas.
Aprende del que calla,
para no decir,
no necesitas
decir.
9
Darle
a la interrupciones
el valor
del primer acto.
Escuchar el sonido de fondo.
La distracción
como protagonista.
Si una pierna
se enreda
en una trampa,
camina con la otra.
Rígido o suelto.
Ese codo que asoma
en el rincón.
10
Dicen:
"hay cartas de Dios
en todas las partes
por donde paso",
y no se han olvidado,
qué velo me impide
ver mi nombre,
tropezar cuando
el juego ya ha pasado?
¿Soy la media entre el mal
causado y la frustración
del tiempo perdido,
o soy ese nombre
que no reconozco?
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