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lunes, septiembre 07, 2009

Un nuevo concepto de educar VII

Rumiendo la formación podría dividirse en tres fases:
Parte destruens: primera labor. Soltar todo el lastre que sobre desnivelando el punto central de gravitación de manera que se provoque un tropezón en la constelación de presuposiciones: una purificación de lo que Platón llamó excreciones plúmbeas. La duda y la ironía son armas de primera instancia. Reorganizar los enjambres de sentencias y sus relaciones con la valoración afectiva que deje la casa desordenada pero en silencio, la psique queda desnuda y aterida sin el confort que se había procurado. Ya no existen penas de otros y la subjetividad se ve a al intemperie, sensible y torpe, desentrenada. Se comienzan a barruntar los primeros conatos del perdón de sí mismo y de paz.
Media labor. El hilo conductor que lleva a la disposición de una respiración sosega y una nueva observación, un mirar desde otro lado al que no se estaba acostumbrado. Proceso de traslación en donde ninguna explicación satisface y donde se pierde la antigua felicidad. Con un guiño se ha dado la vuelta a la visión y el tiempo se descongela en las manos.
Pare construens: tertia labor. Se acoge la posición incómoda, la maleza y el calor sofocante, como el comienzo de un nuevo andar. Se toma conciencia de la propia cojera y de la ceguera producida por la ventisca ante el acantilado, la frente ardiendo y las capacidades cognitivas sedientas. Se toma como propia la necesidad de saltar, a solas, frente a nadie, se reconoce que no hay nada que no pueda vencerse no porque se pueda todo sino porque no hay un antes. El mirar se torna meditativo y se siente la necesidad de expiar a través del trabajo. Se sacrifica la propia curiosidad y se produce una visión conmiserativa, una existencia compasiva. La primera forma de originalidad se da en forma de una claridad de discriminación muy aguda sobre lo que vale la pena y lo que no. Las alas se despliegan.

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