Seguidores

lunes, septiembre 14, 2009

Una Historia en Bicicleta

La tía Paula y el Conde se quedaron junto a mí a los pies de papá y mamá y estrechamos la mano de la gente que pasaba en fila. (..). Vino todo el mundo. Todo el mundo viene cuando mueres. Vino el viejo Jimmy Boylston.

Jimmy había jugado con papá en los primeros tiempos. Era mucho mayor que sus compañeros de equipo. Pero tenía agallas, decía papá. Se merecía “un respeto”.  Jimmy vivía ahora con la familia de su hijo y era una carga tremenda. Llevaba un traje de béisbol todo el día, incluido el calzado con tacos, y en muchas ocasiones , cuando le parecía que había tomado la suficiente delantera y el lanzador había perdido concentración, Jimmy Boylston se tiraba en la cocina como si estuviera jugando al béisbol y robando en la base. Para el hijo de Jimmy, Jimmy Jr., o la esposa de su hijo, las carreras y los deslizamientos no eran algo divertido. El béisbol era la vida y muerte para Jimmy Boylston. Lo era todo.

La situación típica era que Jimmy estuviera en el cuarto de la tele, viendo sus culebrones, cuando algo le provocaba. Se levantaba lentamente y empezaba el movimiento hacia otra base, poniéndose en cuclillas. Bueno, si se le pillaba en cuclillas, en “preparados”, se le podía convencer para que volviera á su sillón reclinable delante de la tele. Pero si había tenido tiempo de ponerse en posición de “listos” estabas jodido. Cuando solía robar base para los viejos Steamrollers de Providencie, e incluso más tarde con el club Socony de papá, se estaba quieto como un ratón hasta que se disparaba hacia la segunda base. Soltaba un feroz “yaaaaaa” que duraba quince o veinte metros. La edad le robó a Jimmy su velocidad, vaciando primero esa cabeza corajuda, despojándolo de golpe de su arsenal, pero el tiempo no había erosionado el eléctrico “yaaaa”. Desde el cuarto de la tele, pasando por el salón y hasta las baldosas color hueso del centro de la cocina, el tiempo volvía sobre sí mismo.

- Ah, joder. Maldita sea. Mierda- tartamudeó Jimmy, estrujándome la mano con las dos suyas. Su traje de béisbol gris tenía unas rayas rojas finas. Le quedaba ancho y estaba desgastado, pero lo tenía recién lavado y planchado. Llevaba los pantalones subidos y las medias rojas subidas, también. Su cabeza parecía nadar en la gorra azul de los Steamrollers-. Maldita sea esta mierda. Joder-explicó bajito.

- Gracias por venir, Jimmy. Ésta es mi tía Paula y el tío Conde.

-Por Dios. Mierda, mierda, mierda – asintió él, a modo de consuelo.

Jimmy se restregó en la alfombra con los tacos.

- Papa no podía faltar – asintió Jimmy solemnemente.

- Vamos, papá.

-Al menos- dijo Jimmy-, al menos, al menos. al menos. Hay una cosa buena. Hay una cosa buena.

Los ojos de Jimmy se le llenaron de lágrimas y apretó las mandíbulas.

- Por lo menos esos gilipollas de los Boston Red Sox no le romperán ya más el corazón a tu padre.

- Tiene razón, Jimmy.

-Bueno- izo una pausa y respiró hondo, produciendo un silbido-. Joder. 

Jimmy y Jimmy hijo continuaron, pasando por delante de papá y mamá. (..)

Después  de una hora y media aproximadamente me tomé un descanso. Tío Conde había empezado a contar chistes a sus amigos, y, mientras que tía Paula y yo hacíamos pasar rápidamente a la gente por la fila, intercambiando simplemente un par de palabras, el tío Conde estaba allí de pie, como un Buda, sujetándose las manos y no dejándoles marchar hasta que él hubiera terminado. Se echaba hacia delante, haciendo como que miraba a su alrededor para asegurarse de que nadie le estaba observando y salía con una de las suyas:

“Iban dos maricones…”

“Unos maricones se meten en un taxi..”

”Esto es un cura maricón…”

“Dos maricones estaban en un bar…”

“Cuatro maricones estaban en un barco….”

“Esto es un tren lleno de maricones que van a un congreso…”

….

Una historia en bicicleta (The memory of running). Ron McLarty. 2004

No hay comentarios: