Habrás de recordar:
La primera vez que aceleraste
Aquel madrugón de un viaje a Austria,
La media cerveza que dejaste en un pub irlandés,
Los tres billetes de cinco sobre el mármol,
Aquel café que serviste a tu padre en verano,
Las lágrimas mientras barrías,
El concierto de Van Morrison,
El despertar al dulce junio,
El serpenteo de las carreteas de los pirineos,
Los pasos de montaraz en Aigues-Tortes,
La cena en aquel indi de Barna
En la que le expliquaste por qué no la amaba,
El paseo hasta el Voramar,
La penumbra lúcida a la entrada,
Los desayunos con
No importaba,
Aquel pijama tan feo
Que te daba suerte de día,
Aquellos chupitos multicolor,
Con un amigo y su mujer,
Aquel volver borracho sin dejárselo
Saber a mi 106 blanco, con
Ruedas anchas, con un equipo de música
Que me costó 30.000, lo recuerdo.
Aquella manera que la música
Se adueñaba de tu pecho,
Aquel callar porque escuchar
Me decía algo nuevo, algo viejo,
Aquella vuelta de Falset
Con parada en Vendrell,
Aquella chica que no quiso
Enturbiar mi relato,
Aquella armadura dorada,
Rutilante, aquella cota de malla,
Que no me podía quitar ni en la cama,
Aquel leer penetrante, aquel café
O aquel poleo, aquel último cigarro
Sentado en esta misma silla en
La que escribo ahora,
Aquel sexo inmaculado, aquel
Dormir a ciegas,
Aquel día que volviendo a
Sentí una dicha por ser,
Por estar vivo, en la que nadie
Estaba implicado.
Aquel batir de alas, aquel ritmo
Que me gobernaba,
Aquel que imaginaba siempre,
Siempre,
Aquella agua azul, aquel edredón
Blanco, aquella tarde de domingo
Junto al fuego, saber quién aguantaría
Más, yo o el leño,
Aquella rutina extraordinaria,
Aquel brillo viendo a quién ama?
Aquel sonido a diez bandas
Que sonaba por las mañanas,
Sí, aquellos cantores alados,
Aquella inocencia veloz
Que dejaba atrás cualquier culpa,
El sofá azul tras el café,
Cualquier libro valía,
Tanto me llenaba.
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