Seguidores

martes, junio 29, 2010

El señor de los anillos Gold Selection


- Así es, dijo Frodo ¿te siguen gustando ahora que los vistes más de cerca?
- A decir verdad parece estar por encima de mis simpatías y antipatías -respondió Sam lentamente. Lo que pienso no importa mucho. Son bastante diferentes de lo que yo esperaba. Tan jóvenes y tan viejos, tan alegres y tristes. Si puede decirse así [Un atajo entre los hongos].

- Buenas noches a todos -dijo. Ha sido un extraño día y no me equivoco. Pero todo está bien cuando termina bien. Aunque quizá no podamos decirlo hasta que estemos de vuelta a casa. No negaré que me sentiré feliz entonces [Ibid.]

- Sí, Señor, no sé cómo decirlo, pero después de anoche me siento diferente. Me parece ver el futuro en cierto modo. Sé que recorreremos un largo camino hacia la oscuridad; pero también sé que no puedo volverme. No es que quiera ver Elfos ahora o dragones o Montañas, lo que quiero no lo sé exactamente, pero tengo que hacer algo antes del fin y está ahí delante, no en la comarca. Tengo que buscarles, Señor, si usted me entiende [Ibid.]

Bilbo echó una rápida mirada a la cara de Frodo y se pasó las manos por los ojos.
- Ahora lo entiendo -dijo- ¡Apártalo! Lo lamento; lamento que te haya tocado esa carga: lo lamento todo. ¿Las aventuras no terminan nunca? Supongo que no. Alguien tiene que llevar adelante la historia. Bueno, no puede evitarse. Me pregunto si valdrá la pena que termine mi libro. Pero no nos preocupemos por eso ahora. Veamos las noticias! Háblame de la comarca! [Muchos encuentros].

- Me gusta el blanco -le dije.
- ¡El blanco! Se mofó. Está bien para el principio. La ropa blanca puede teñirse. La página blanca puedes cubrirla de letras. La luz blanca puede quebrarse.
- Y entonces ya no es blanca- dije. Y aquel que quiera algo para averiguar qué es, ha abandonado el camino de la sabiduría [El concilio de Elrond].

[...] y esta es otra razón por la que el anillo tiene que ser destruido; en tanto esté en el mundo será un peligro aún para los sabios. Pues nada es malo en un principio. Ni siquiera Sauron lo era. Temo tocar el anillo para esconderlo. No tomaré el anillo para utilizarlo [Ibid.]

- ¿Desesperación o locura? -dijo Gandalf. No desesperación, pues sólo desesperan aquellos que ven el fin más allá de toda duda. Nosotros no. Es sabiduría reconocer la necesidad, cuando todos los otros mundos ya han sido considerados, aunque pueda parecer locura a aquellos que se atan a falsas esperanzas [Ibid.]

Una irresistible deseo de descansar y quedarse a vivir junto a Bilbo en Rivendel le colmó el corazón. Al fin habló haciendo un esfuerzo, y oyó sorprendido sus propias palabras, como si algún otro estuviera sirviéndose de su vocecita.
- Yo llevaré el Anillo -dijo- aunque no sé cómo [Ibid.]

- Hay sol y es un hermoso día sin duda -dijo-. Pensé que los Elfos no amaban otra cosa que la luna y las estrellas: pero esto es más élfico que cualquier otra cosa que y o haya conocido alguna vez aún de oídas. Me siento como si estuviera dentro de una canción, si usted me entiende [Lothórien].

- No, el tiempo nunca se detiene del todo -dijo- pero los cambios y el crecimiento no son siempre iguales para todas las cosas y con todos sitios. Para los Elfos el mundo se mueve, y es a la vez muy rápido y muy lento. Rápido porque los Elfos mismos cambian poco, y todo lo demás parece fugaz; lo sienten como una pena. Lento porque no cuentan los años que pasan, no en relación con ellos mismos. Las estaciones no son más que hondas que se repiten una y otra vez a lo largo de la corriente- Sin embargo, todo lo que hay bajo el sol ha de terminar algún día [El Río Grande].

- Hm, hm. Un momento. No tan deprisa. ¿Os llamáis hobbitts a vosotros mismos? Pero no tenéis que decírselo a cualquiera. Pronto estarás divulgando vuestros verdaderos nombres si no tenéis cuidado. (...) En cuanto a mí, no os diré cómo me llamo, no por ahora por lo menos. -Una curiosa sonrisa como si ocultara algo, pero a la vez de un cierto humor, le asomó a los ojos como un resplandor verde -Ante todo me llevaría mucho tiempo; mi nombre crece continuamente; de modo que mi nombre es como una historia. Los nombres verdaderos os cuentan la historia de quienes los llevan, en mi lenguaje, en el viego entnico, como podría decirse. Es un lenguaje encantador pero lleva mucho tiempo algo en él, pues nunca decimos nada, excepto cuando vale la pena pasar mucho tiempo hablando y escuchando [Bárbol].

- Sí mi buen enano -dijo- es un consuelo que a uno no le confundan siempre. ¡No lo sé yo demasiado bien! Pero por supuesto nunca os acusé de cómo me recibísteis. Cómo podría hacerlo si yo mismo he aconsejado a menudo a mis amigos que ni siquiera confíen en sus propias manos cuando tratan con el Enemigo. ¡Bendito sea Gimli, hijo de Gloin! ¡Quizá un día nos veas juntos y puedas distinguir entre los dos! [El caballero blanco].

- No -dijo Gandalf-no es una ruta que os aconsejo. He pronunciado palabras de esperanza. Pero sólo de esperanza. La esperanza no es la victoria [Ibid.]

[...] en aquella desesperanza mi enemigo era mi única salvación. Y fui detrás de él pisándole los talones [Ibid.]

No le devolvería la vida. Nada ahora le devolvería la vida. Hubiera sido preferible que murieran juntos. Y aún así serían también un viaje solitario [Decisiones de Samgar].

A mí no me gusta nada de aquí: piedra y viento, hueso y aliento. Tierra, agua, aire, todo parece maldito. Pero es el camino que nos fue trazado.
- Sí, es verdad -dijo Sam. Y de haber sabido antes de partir no estaríamos ahora aquí seguramente. Aunque me imagino que así ocurre a menudo. Las hazañas de que hablan de antiguas leyendas y canciones, señor Frodo: las aventuras, como yo las llamaba. Yo pensaba que los personajes maravillosos de las leyendas salían en busca de aventuras porque querían tenerlas, y les parecían atractivas y en cambio la vida era un tanto aburrida: una especie de juego por así decir. Pero con las historias que importan de veras, o con esas que uno se encontraban de pronto en medio de una aventura, y que casi siempre ya tenían los caminos trazados, como dice usted. Supongo que también ellos, como nosotros, tuvieron muchas veces la posibilidad de volverse atrás, sólo que no la aprovecharon. Quizá, pues si la aprovechaban tampoco lo sabríamos, porque nadie se acordaría de ellos Porque sólo se habla de los que continuaron hasta el fin y no siempre terminan bien, observe usted: al menos no de ese modo que la gente de la historia, y no la gente de fuera, llama terminar bien. Usted sabe qué quiero decir, volver a casa y encontrar todo e orden, aunque no exactamente igual que antes... como el viejo señor Bilbo. Pero no son esas historias que uno prefiere escuchar ¡aunque sean las que uno prefiere vivir! Me gustaría saber en qué clase de historia habremos caídos.
- A mí también -dijo Frodo. Pero no lo sé. Y así son las historias de la vida real. Piensa en alguna de las que más te gustan. Tú, puedes saber o adivinar qué clase de historia es, si tendrá un final feliz o un final triste, pero los protagonistas no saben absolutamente nada. Y tú no querrías que lo supieran.
- No, señor, claro que no. Beren, por ejemplo nunca se imaginó que conseguiría el Silmaril de la corona de hierro en Thangorodrim, y sin embargo lo consiguió, y era un lugar peor y un peligro más negro que este en que nos encontramos ahora. Pero eso es una larga historia, naturalmente que está más allá de la felicidad y más allá de la tristeza... Y el Silmaril siguió su camino y llegó a Eärendil ¡Cáspita señor nunca lo había pensando hasta ahora! Tenemos. ¡Usted tiene un poco de esa luz del Silmaril en ese cristal de estrella que le regaló la Dama! Cáspita... pensar, pensando que estamos todavía en la misma historia. ¿Las grandes historias no terminan nunca?
- No, nunca terminan como historias -dijo Frodo- pero los protagonistas llega a ellas, y se van cuando han cumplido su parte. También la nuestra terminará... tarde o quizá temprano... [La escalera de Lirith Urgol].

- Pues bien, tengo que decirlo, y lo decidiré aunque estoy seguro de equivocarme: qué otra cosa puede hacer Sam Gamyi [Las decisiones de Maese Samsagaz].

- ¿Pero cómo sabría un hombre si ha llegado o no la hora, a menos que se atreviese a cruzar los puertos? - preguntó Esmer [El acontecimiento de Rohan].

Esta aventura es un desatino, y no vale la pena preocuparse por el mañana. Lo más probable es que no llegue [La torre de Cirith Urgol].

En las tierras del oeste bajo el sol
las flores crecen en primavera,
los árboles crecen, las aguas fluyen,
las pinzones cantan.
O quizás es una noche sin nubes
y de las hayas que se mecen,
entre el ramaje del cabello,
las estrellas élficas
cuelgan como joyas blancas.
Aquí yazgo, al término de mi viaje
hundido en una oscuridad profunda:
más allá de todas las torres altas y poderosas
más de todas las montañas escarpadas,
por encima de todas las sombras cabalga el sol.
No diré que el Día ha terminado,
ni he de decir adiós a las estrellas [Ibid.]

- [...] me hace feliz que estés conmigo. Aquí al final de todas las cosas, Sam [El Monte del destino].

- ¡... y como todas las trompetas y las arpas y todas las canciones que he escuchado en mi vida! -calló y miró a su amo [El campo de Cornelles].

- ¡Córcholis! Veo que además de la nuestra hay otras historias que contar [Ibid.]

- De todos modos ahora es demasiado tarde; y la verdad es que veo que es mucho más cómodo estar sentado aquí y oír todo lo que pasó [Numerosas separaciones].

No hay comentarios: