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jueves, julio 01, 2010

Lo que salvaría del Quijote

Su calidad, por lo menos, ha de ser de princesa, pues es reina y señora mía; su hermosura, sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas [XIII].

Aún es temprano -respondió Sancho- porque no ha sino un mes que andamos buscando las aventuras y hasta ahora no hemos topado ninguna que lo sea. Y tal vez ha que se busca una cosa y se halla otra [XVI].

Las feridas que reciben en las batallas antes dan honra que la quitan; así que Panza amigo no me repliques más sino como ya te he dicho levántate lo mejor que pudieses y ponte en la manera que más te agrade encima de tu jumento y vamos de aquí antes que la noche venga y nos salta en este despoblado.
- Pues yo he oído decir a Vuestra merced -dijo Panza [XV].

Y si no fuese porque imagino ¿qué digo imagino? Sé muy cierto, que todas estas incomodidades son muy anejas al ejercicio de las armas, aquí me dejaría morir de puro enojo.
A esto replicó el escudero:
- Señor ya que estas desgracias son la cosecha de la caballería dígame Vuestra merced si suceden muy a menudo o si tienen sus tiempos limitados en que acaecen, porque me parece a mí que a dos cosechas quedaremos inútiles para la tercera, si Dios, en su infinita misericordia no nos socorre [XV].

Siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas para dar remedio a ellas -dijo Don Quixote [XVI].

- ¿Y está acabado? -Preguntó Don Quixote.
- ¿Y cómo puede estar acabado -respondió él- si aún no está acabada mi vida? [XXII].

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