"Sentía una secreta conexión entre la pequeña planta, que se afanaba por crecer, y mi amigo Brosi enfermo, y llegué incluso a la firme creencia de que si el jacinto salía adelante también mi camarada se pondría bueno. Pero si ella no prosperaba, él moriría, y entonces tal vez tuviese yo la culpa, si descuidaba la planta. Cuando estos pensamientos se hubieron apoderado completamente de mí, cuidé la planta con miedo y con celo, como un tesoro que encerrase unos poderes mágicos, sólo conocidos por mí y confiados a mí" [De la infancia]."Pero a pesar de su mucho deambular fuera, Reichardt tenía que pasar en casa las interminables veladas, y frente a él se sentaba, como un lobo, con su mirar terrorífico, la soledad, a la que no sabía conjurar de otro modo que clavando perpetuamente la mirada en sus ojos vacíos, y que, apenas desviaba la vista, se abalanzaba hacia él. La soledad se posaba por la noche en su lecho, cuando por la fatiga corporal había conciliado el sueño, y le emponzoñaba el dormir y el soñar" [El Reformador].
"Caminar de noche al aire libre, bajo el cielo silente, junto a un río que se desliza manso, es siempre algo lleno de misteiro y que remueve los fondos del alma. En esos momentos nos encontramos más próximos a nuestro origen, sentimos nuestra afinidad con animales y plantas, despertamos memorias perdidas de una vida arcaica, cuando aún no se habían construido casas y ciudades y el hombre errabundo, sin suelo fijo, podía amar y aborrecer el bosque, el río y la montaña, el lobo y el cernícalo como sus semejantes, como amigos o enemigos. La noche anula el sentimiento rutinario de una vida colectiva; cuando no queda una luz encendida ni se oye una voz humana, el hombre en vela experimenta su aislamiento, se siente desligado de todo y atenido a sí mismo. Ese pavoroso sentimiento humano de estar irremediablemente solo, vivir solo y tener que gustar y soportar solo el dolor, el miedo y la muerte, está presente en en fondo de cada pensamiento, para el sano y joven una sombra y una admonición, para el débil como una angustia [Hermosa es la juventud].
"En esos periodos padecía la cruel tortura de todos los auto-observadores que no son al mismo tiempo artistas con fuerza creadora" [Amigos].
"Tampoco Jesús retuvo para sí su estado bienaventurado y su perfección interior, sino que comunicó su doctrina y por ella sacrificó su vida. Si él fue el hombre más perfecto también supo obrar en consecuencia y, al igual que todos los grandes maestros, enseñó expresamente lo que es posible, no lo imposible" [Ibid].
"Pero ni a los tres días, ni a los cuatro, ni a los ocho, se le pudo convencer para que volviese a aquella tienda. Si los comerciantes no tenían más remedio que engañar, decía, él no sería comerciante" [Walter Kömpf].
"En medio de su desolación, asistía con frecuencia a las reuniones verspertinas de los pietistas. Allí se le despertaba un atisbo de consuelo y edificación, pero en el fondo desconfiaba de la sinceridad de aquellos hombres que se pasaban tardes enteras en pequeños intentos de interpretación vulgar de la Biblia, evidenciaban un mucho de obstinado orgullo autodidacta y ni una vez se ponía de acuerdo entre sí. Tenía que haber una fuente de confianza y gozo divino, una posibilidad de volver a la piedad infantil y de reposo en los brazos de Dios: pero no se encontraba allí, le pareció que aquellas personas habían sellado alguna vez un compromiso y habían mantenido en su vida una supuesta frontera entre lo espiritual y lo mundano en. Eso era precisamente lo que Kömpf había hecho a lo largo de su vida, y era lo que había dejado cansado, triste y sin consuelo" [Ibid].
"Pero cuando comenzó el mal tiempo y las largas veladas se pasaba otra vez sentado, leía la Biblia y se entregaba a inútiles pensamientos sobre el enigma del mundo y sobre su mísera vida. Era consciente de que con la liquidación de sus negocios no se había acercado más a Dios, y en momentos de desesperación se le ocurrió pensar que Dios se encontraba en una lejanía inaccesible y contemplaba con severidad y burla sus necias gesticulaciones" [Ibid].
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