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viernes, julio 09, 2010

Peter Handke - El chino del dolor (1992)

"En la luz de aquel momento se produjo un silencio. Se extendió el cálido vacío que tanto necesito. Fue como una inspiración o, si existiera esta palabra, un enaltecer originario. La fuente ya no necesitaba la mano como apoyo. En el fondo no fue un calor, sino un brillo; no un entenderse, sino un arranque; no un vacío, sino un ser vacío; menos mi personal ser-en-blanco que un forma en blanco. Y la forma en blanco se llama narración. Cuando la narración comenzaba, mi rastro se perdía: la pista se desdibujaba".

"Es llamativo cómo aparecen normalmente las repeticiones en los giros usuales como algo malo, enfermizo o incluso criminal. ¿Acaso contrastaba la experiencia de la repetición refrescante a la repetición fatigante? ¿La decisión de repetir frente a la manía de repetir? ¿La posibilidad de repetir frente al peligro de repetir? Abrillántame, duro avellano. Entra en mí flotando, ligero tilo. Domina bajo la protección de los sauces, sauco arqueado. He aquí mi otra palabra para la repetición-búsqueda: rehallazgo".

El niño expresa gritando aquel extremo padecer que en los adultos llega a ser el más íntimo enmudecimiento; si todos y cada uno de los que sufren gritaran de esta manera ¿no hubiera perdido el mundo ya hace mucho tiempo su rumbo? Y, como es natural, con el tiempo, incluso este niño tendrá que enmudecer de cualquier modo (ya se ha callado). El cielo estrellado, es el recobrado silencio: ¿será rectificado? ¿desfigurado? El siguiente ruido será, ciertamente, aún en la total oscuridad, el conocido estrépito y estruendo de los camiones de basura. Pero uno sí que había sido testigo de cómo durante el alarido, las calles del Abedul, del Pino Silvestre y del Sauce, todas las calles de la urbanización, sólo tenía un único nombre: calles sin nombre".

"La doctrina actual nos dice, sin embargo, que en este sentido ya no quedan umbrales. El único umbral que nos queda hoy, según uno de mis catedráticos modernos, es ese que existe entre el estar despierto y soñar, y aun esto apenas se percibe. Exclusivamente en los locos el umbral se yergue, en la vida cotidiana, visiblemente ante todo el mundo como el fragmento de aquellos templos destruidos".

"Algo se hacía esperar, sin lo que el volverse hacia cualquier cosa era una nueva precipitación. Siendo prematura, la vuelta se hacía superflua: la cosa dejaba de ser cosa del mundo. Algo se hace esperar significaba: Había sitio en mí, mas este permanecía vacío. No esperaba lo inminente: no podía esperarlo, no debía esperarlo. En mí existía exclusivamente el sitio vacío, y su o estar lleno se llamaba pesadumbre".

"Ahora por una sola vez ocurría lo contrario: realmente dos seres, tranquilos uno al lado del otro, y no muriéndose precisamente; guardando esa justa distancia que es precisamente a que acerca. Alguien preguntó: ¿Aún te acuerdas?, como si existieran recuerdos comunes alguien dijo: de esta forma, debilidad es una palabra distinta para estar-en-su-derecho. No un sálvame, a los sumo un ayúdame".

"La mujer vino con un libro de cocina y leyó un párrafo de un intercambio de cartas de un matrimonio a finales del siglo pasado: Por la eterna lejanía tengo una vida tanto más elevada, recibiendo tanto impulso intelectual del que de otra forma jamás hubiese llegado a saber nada. Y añadió ella: Eso lo dice un sexo a otro; pero ¿no lo podría decir también un ser humano a Dios?; luego ver juntos el telediario y al final la exclamación ¡pero siempre ha de ser posible aún alguna inmortalidad".


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